La guerra del agua: El trasvase Tajo-Segura

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Desde siempre he sido contrario a que se llevara a cabo el trasvase Tajo – Segura, porque su concepción inicial estuvo basada en algunas trampas, y la decisión de construirlo se tomó en una época de dictadura y ordeno y mando franquista, beneficiando a unas regiones y perjudicando a otras.

Las trampas principales consistieron en que para justificar el trasvase se inflaron las aportaciones de agua a la cabecera del Tajo – posteriormente la realidad demostraría que eran un 30 % inferiores a las previstas en el anteproyecto – y que en el balance hidrológico inter cuencas, sólo se tuvieron en cuenta las aguas superficiales, dejando de lado las aguas subterráneas de gran importancia en el Levante español. Por no continuar con los graves incumplimientos en la ejecución de nuevos regadíos que desde 1986 teóricamente estaban prohibidos.

Dicho todo esto, la realidad es que el trasvase lleva funcionando desde el año 1979, va para 44 años, que nunca se ha llegado a trasvasar el máximo de 600 Hm3 anuales previstos, la media está en unos 325 Hm3 año, y que con estos recursos hídricos se ha creado en Murcia, Comunidad Valenciana y Andalucía oriental, un emporio de riqueza agraria y de industria agroalimentaria que sería un grave error destruir ahora, por una discusión sobre caudales ecológicos en el eje del Tajo.

Estos caudales ecológicos han sido modificados sensiblemente al alza en el nuevo Plan Hidrológico del Tajo 22 – 27, aprobado en el Consejo del Agua de la Cuenca, posteriormente revisados en el Consejo Nacional del Agua aumentando progresivamente los caudales hasta el 1 de enero de 2027, y ahora, de cara a su publicación como normativa, parece que se ha vuelto a lo acordado en el Consejo del Agua de la Cuenca. En uno u otro caso, supondrá una reducción notable en las cantidades a trasvasar, lo que pondrá en peligro unas 25.000 ha de los regadíos levantinos que aprovechan las aguas del trasvase.

La reacción de los regantes levantinos ha sido inmediata y se han manifestado masivamente el día 11 de enero ante el Ministerio de Transición Ecológica en Madrid.

En el actual Plan Hidrológico del Tajo (2016 – 2021), el caudal mínimo a mantener en el río quedó fijado en 6 m3/s (189,2 Hm3/año) en Aranjuez, y 10 m3/s (315,3 Hm3/año) en Toledo y Talavera de la Reina.

En el nuevo Plan Hidrológico 2022 – 2027, los volúmenes anuales se incrementan sensiblemente en el eje del Tajo. Los valores nuevos son 273 Hm3/año en Aranjuez, 544,1 Hm3/año en Toledo y 583,7 Hm3 / año en Talavera de la Reina.

Un estudio llevado a cabo por la cátedra de Hidráulica de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, dirigido por el catedrático Luis Garrote, ha concluido que el caudal que se había fijado en el plan 16 – 21 en el tramo de Aranjuez de 6 m3/s podría ser suficiente para mantener el buen estado de las masas de agua.

Quizás fuese razonable, dada la realidad agraria existente en Levante, intentar mantener las cantidades medias trasvasadas, en el entorno de 325 Hm3 /año, para lo cual habría que partir de principios de generosidad y amplitud de miras de todas las partes.

Habría de actuarse en diferentes aspectos para tratar de salvar el grave problema que se generará, si se reduce el volumen de aguas a trasvasar. Hay que tocar varias teclas, pero tal vez podrían encontrase soluciones.

Veamos algunas actuaciones a llevar a cabo:

  • Proyectar las medidas necesarias para resolver la situación de los sistemas deficitarios del Tajo: Henares, Alberche, Tiétar y Árrago. Existen soluciones que pueden llevarse a cabo si hay voluntad de hacerlo. Pueden ser modernizaciones potentes, incrementos de la capacidad de regulación o conexiones entre sistemas.
  • Retocar a la baja los caudales ecológicos fijados en el Plan 22 – 27 que han de circular por el eje del río en Aranjuez, Toledo y Talavera de la Reina, teniendo en cuenta los estudios de la cátedra de Hidráulica antes mencionados o nuevos estudios a emprender y la necesidad de mantener el buen estado de las masas de agua.
  • Hacer intervenir en el modelo la posibilidad de utilizar aguas desaladas del mar Mediterráneo para atender algunos usos en Levante, sustituyendo a aguas trasvasadas. El precio del agua desalada ha de ser asumible para los regantes.
  • Mejorar la depuración en la conurbación de Madrid para que los efluentes tengan la calidad suficiente aguas abajo y que afectan a Castilla la Mancha y Extremadura.
  • Hacer que la contribución al convenio de Albufeira con Portugal, 2.750 Hm3/año, se produzca desde la totalidad de la cuenca.
  • Prohibir nuevos regadíos en el Levante español salvo que se utilicen nuevos recursos locales y especialmente los procedentes de aguas desaladas y nunca aguas trasvasadas.

Como puede deducirse el asunto es complejo y habría que abordar una serie de actuaciones que permitieran dejar resueltos los diferentes aspectos de la cuestión en las dos cuencas. Pero en mi opinión podría ser factible, aunque no fácil.

El incremento de caudales ecológicos en el eje del Tajo que se da en el nuevo plan alcanza unos porcentajes muy importantes: 44,29 % de aumento en Aranjuez, 72,56 % en Toledo y 85,1 % en Talavera. Parecen cifras muy fuertes teniendo en cuenta que no existe un método de determinación perfectamente homologado para determinar estos caudales y existen estudios que ponen en cuestión el método aplicado.

Habría que determinar primero cuáles son los caudales ecológicos idóneos en el eje del río para mantener el buen estado de las masas de agua e ir actuando sobre las cuestiones antes apuntadas, para buscar una solución de consenso que beneficie a todas las partes y no a algunas solamente. Y mientras tanto mantener el status de caudales ecológicos actual en el eje del río Tajo.

En este acuerdo sería conveniente que no participaran los políticos. En mi opinión, habrían de consensuar la cuestión, funcionarios y técnicos imparciales, junto con los usuarios de las cuencas afectadas.


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