CENIZA

La imposición de la ceniza, inicio de 40 días que huelen a incienso, silencio… y tambor lejano

Redacción Extremadura, 18 de febrero de 2026. 14:25 h. 

 

 

 

Hay un momento exacto en el calendario extremeño en el que todo cambia. No es festivo. No suenan aún cornetas en la calle. No hay pasos iluminando la noche. Pero algo se activa. Es el Miércoles de Ceniza, la frontera invisible entre la vida ordinaria y el tiempo interior.

Con la fórmula bíblica —«Polvo eres y en polvo te convertirás»— arranca la Cuaresma. Cuarenta días que, en Extremadura, no son solo liturgia: son memoria, tradición, identidad y anticipación de la Semana Santa, declarada de Interés Turístico Internacional en ciudades como Cáceres o Mérida, y profundamente arraigada en Badajoz, Plasencia o Jerez de los Caballeros.

En apariencia, la Cuaresma es sobriedad. Pero bajo esa superficie late una intensa actividad:

  • Ensayos nocturnos de costaleros en naves industriales y casas de hermandad.
  • Reuniones de juntas de gobierno afinando itinerarios y horarios.
  • Talleres donde se restauran imágenes centenarias.
  • Bordadoras que ultiman mantos en silencio casi monástico.
  • Bandas que repiten marchas hasta que el redoble suene perfecto.

La Semana Santa no empieza el Domingo de Ramos. Empieza ahora.

En la Ciudad Monumental de Cáceres, el eco de los pasos sobre el empedrado parece ensayarse en la memoria colectiva. En la ciudad romana de  Mérida, las cofradías preparan desfiles procesionales que dialogan con el mármol romano. En la ciudad fronteriza Badajoz, el fervor popular se mezcla con el pulso urbano.

Ceniza: fragilidad y carácter

La imposición de la ceniza —procedente de los ramos bendecidos el Domingo de Ramos anterior— no es un gesto decorativo. Es un recordatorio crudo de la condición humana. Génesis 3,19. Origen y destino.

Pero en Extremadura, esa fragilidad se transforma en fortaleza comunitaria.
La Cuaresma no se vive solo en los templos. Se respira en:

  • Los menús sin carne de los viernes.
  • Las charlas cuaresmales en parroquias de barrio.
  • Las exposiciones de arte sacro.
  • Los conciertos de marchas procesionales que llenan teatros y casas de cultura.

Es un tiempo de contención que prepara el desbordamiento emocional de la Pascua.

40 días para una explosión de luz

La Cuaresma es pedagogía del silencio. La Semana Santa es dramaturgia de la fe.

En pueblos pequeños —donde cada vecino conoce el paso que cargó su abuelo— la espera tiene una dimensión casi íntima. En las grandes capitales, la dimensión turística convive con la devoción popular.

Extremadura convierte estos cuarenta días en una antesala cultural y espiritual donde tradición y modernidad conviven sin complejos.

El anticipo que no sale en las fotos

Lo verdaderamente decisivo no es la procesión, sino lo que la precede. No es el aplauso, sino el sacrificio previo. No es la saeta, sino el silencio anterior.

La Cuaresma es el ensayo general de la emoción colectiva.

Y mientras la ceniza marca la frente, la región entera empieza a mirar hacia la Pascua. Porque aquí, en esta tierra de piedra antigua y cielos abiertos, la fe —creyente o cultural— se convierte cada año en relato compartido.

Conclusión DEx

La Cuaresma en Extremadura no es un trámite litúrgico: es un proceso de transformación social, cultural y emocional. Un tiempo donde la fragilidad recordada el Miércoles de Ceniza convive con la esperanza de la Resurrección.

Polvo somos. Pero durante cuarenta días, ese polvo se organiza para levantar pasos, música y memoria. Y cuando llegue el Domingo de Ramos, ya nada será improvisado. Todo habrá empezado hoy, un Miércoles peculiar, distinto, donde la ceniza, el polvo, será en lo que un día nos convirtamos.