La ineficacia del adanismo

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Se define el adanismo como “la tendencia a comenzar una actividad sin tener en cuenta
los progresos hechos anteriormente”. Hay mucha ineficacia en el adonismo ante cualquier
acción que se precie, no porque el adanista “se de pote” (allá cada uno con sus
complejos), presumiendo sobre algo ya realizado por otros, sino porque su práctica
descarada conduce a dar vueltas y vueltas sobre lo mismo, sin avances sociales, al tener
por novedoso lo que no es tal.

En el mundo académico nadie osa utilizar ni tan siquiera una frase de otros no citando las
referencias. La propiedad intelectual es inviolable y se la respeta. Todo ello se practica
habitualmente, siendo repudiado por sus colegas quien copia de otro y se apropia de lo
ajeno. Pero en el mundo político no rigen las mismas normas; más bien todo lo contrario,
cuando el mero transcurrir del tiempo entre unos y otros permite a algunos apropiarse del
trabajo de quienes les precedieron, sin mala conciencia y “venderlo” como si se le hubiera
ocurrido a ellos cualquier día por la noche.

Esto es posible porque curiosamente los ciudadanos no suelen estar al tanto de lo que
sucede diariamente en su región o ciudad de una manera pormenorizada, salvo cuando la
propaganda se lo mete literalmente por los ojos. O por los oídos. Lo cual podría explicarse
(desde la más absoluta benevolencia) porque los quehaceres particulares no les dejan
tiempo para ello, pero también por el desinterés personal que algunos seres muestran
hacia lo cotidiano del sitio en el qué viven. Ellos no creen necesario “bajar al suelo” nunca,
ni pisar el lodo como el resto de los mortales.

Tiempo atrás me contó un amigo, historiador por más señas, una anécdota verídica. La
que relata la respuesta de un noble de aquí que interrogado por las dimensiones y
número de sus tierras, contestó a quien se lo preguntaba, al tiempo que movía la mano
con gesto desdeñoso: “pues mire señoría, lo ignoro, eso pregúnteselo a mi administrador”.
Por cierto, una reacción bastante parecida a la de una colega cuando, muchos años
después, y hablando sobre su desconocimiento del día a día cacereño, me lo justificó
alegando que jamás leía la prensa local.

Así que, amigos, puestas así las cosas, si ustedes en estos tiempos raros decidieran
meterse en política, sepan que lo primero que deben contratar, para hacer una gestión
alabada y no ser tachados de ineficaces, no ha de ser un buen equipo de políticos ni de
técnicos que gestionen bien, sino un simpático equipo de comunicadores y publicistas,
que sepan hacer sonar la campana cuando ustedes hablen sobre proyectos nuevos o
copiados. Porque si garantizan mucha labia y simpatía personal, y algunas que otras
habilidades, pueden sentirse seguros de que una parte del éxito les estará aguardando.
Quienes así actúan se desenvuelven. Emprender otro camino que implique hacer un buen
diagnóstico de las situaciones heredadas, para saber dónde están los problemas;
consultar de vez en cuando un buen banco de prácticas con las mejores experiencias
realizadas por los predecesores, para utilizar (citándolas) -en beneficio de todos- aquellas
que interesen, dando así una imagen continua a los proyectos. O incluso implementar los
recursos existentes o posibles para llevarlos a su máximo potencial, etc, etc, no parece
estar de moda. Arriesgarse, en favor de un sitio concreto, puede ser hasta peligroso.


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