La voz dormida de una tierra 

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En mis tiempos (y no digo que fueran mejores, no se trata de eso) un candidato a un ayuntamiento escribía un programa y lo presentaba en sociedad en una o varias ruedas de prensa. El programa  era un contrato a firmar con los ciudadanos, de modo tal que siempre se veía obligado a cumplirlo y, en caso de no hacerlo, a dar muchas, pero que muchas, explicaciones a los contribuyentes, sobre todo a quienes le entregaron su confianza y su voto.

El programa buscaba el desarrollo de la localidad, apoyándose en sus puntos fuertes, económicos, culturales o sociales. Amparando sus puntos débiles, intentando dar una explicación a la causa de los mismos y ofreciendo las respuestas precisas en la resolución del problema planteado. Ahora, sin embargo, yo no escucho (quizá no oigo bien) ningún proyecto sensato de ciudad en el que intervenga el apartado de las comunicaciones o la situación de ella en el contexto provincial, regional o nacional. El otro día, en un clamoroso mitin, me sorprendió sobremanera la nula referencia de varios líderes, a las circunstancias específicas de un lugar y a sus posibilidades de expansión, sin que ningún medio o ningún partido de los que se presentan a las elecciones, les afeasen dicho olvido.

El colmo de los colmos es cuando algún candidato -para auto justificarse- narra lo qué no es. Si uno parte de la base de que quien habla no dice la verdad, pues todo lo que viene después resulta hasta lógico en el encadenado lineal de unos hechos. Hasta que lo crean. Los afines. La duda es, si lo hace en conciencia o se lo inventa por las noches para justificar los propios errores cometidos. Añadamos después unas gotas de bisoñez a la bebida, otras cuantas, de los indiferentes, al devenir del territorio y ya tenemos un cóctel perfecto para ofrecer a los crédulos. A mi me parece, sin embargo, un signo claro de senectud, de falta de reflejos, de inseguridad, de quien usa esas artimañas. Eso, por no hablar de la ausencia de categoría de quien la emprende contra otro que no quiere o no se puede defender, en estos momentos.

Bien es verdad que esta ultima cualidad cotiza muy a la baja. ¿Categoría, que categoría? Algunos entran y salen de los partidos políticos con total tranquilidad de ánimo. Sin agobios, ni vergüenza. Hoy son liberales y mañana socialdemócratas o conservadores, sin mayores discursos metafísicos. Cuestiones tales como un planteamiento ideológico son, para ellos, bagatelas, cobijados (como creen están) en esa manta impune  proporcionada por una población indiferente ante unos y otros. Y que no reacciona.

Y luego esto de la política se ha convertido en una asignatura María que cualquiera cree que, sin demasiado estudio, puede aprobar. Sólo así puede explicarse el número elevado de candidaturas que quieren optar a un ayuntamiento no demasiado grande en número, pero que tiene su parte compleja, como todos. Dichas candidaturas no van unidas, sino separadas, no llevan de número uno un nombre incuestionable, parece moverles la absurda creencia de que la época de los partidos clásicos ha llegado a su fin, y ahí está la oportunidad que les brinda el ser civiles sin experiencia. Como si eso fuera un mérito y no una mera circunstancia, negativa en muchas ocasiones y que reduce la efectividad  en el  mando. Aún está por oirse cuál es su proyecto integral de desarrollo de la, ciudad más allá de las meras anécdotas, que recogen los titulares.


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