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Las calles de Piornal estallan con el regreso del Jarramplas bajo una lluvia de 30.000 nabos

El ritual más feroz y querido del norte cacereño vuelve a latir: dos Jarramplas, decenas de mayordomos y un pueblo entero levantado al amanecer para honrar una tradición que crece sin freno.

Rómulo Peñalver, Piornal, 19 de enero de 2026.

Un amanecer a tambor batiente

Piornal ha vuelto a sentir ese temblor inconfundible que anuncia la llegada del Jarramplas. A las ocho de la mañana, aún con el rocío agarrado a los tejados, arrancaba la recogida de ofrendas encabezada por los dos protagonistas de este año, David Ramos y Marcos Moreno, acompañados por los mayordomos y el golpe seco del tambor que despierta al pueblo entero.

Ese paseo ritual, íntimo y comunitario a la vez, activó el mecanismo ancestral que cada enero convierte a Piornal en un escenario de épica popular: el aviso de que el Jarramplas está a punto de salir a recibir la lluvia de nabos, esos mismos que la comunidad prepara durante semanas.

A las nueve y media, puntual y ceremonioso, David Ramos se enfundó el traje, levantó el mazo y cruzó la puerta para la primera salida oficial. Después llegaría la de Marcos Moreno, ambos alternándose con los mayordomos en una mañana de intensidad creciente y ráfagas de adrenalina.

Treinta mil kilos de tradición lanzados al aire

Este 2026 lo deja claro: la lista de piornalegos dispuestos a vestirse de Jarramplas sigue creciendo. Veintiséis mayordomos confirmados y el compromiso silencioso de todo un pueblo que cada año aporta más manos, más fuerza y más emoción a un rito que no se parece a ningún otro en España.

Entre callejones, plazas y balcones ocupados desde primera hora, los dos jarramplas fueron recibiendo el impacto rítmico de treinta mil kilos de nabos. No hay espectáculo más crudo ni más catártico, y tampoco uno más cargado de identidad.

Las máscaras brillantes, el traje multicolor y la sinfonía de golpes dibujaron una mañana vibrante, de esas que se viven con el corazón acelerado y las manos heladas.

Pausa sagrada antes de la embestida de la tarde

Tras la brutalidad controlada de la mañana, llega el respiro obligado. Los jarramplas y los mayordomos se retiran, se hidratan, revisan el traje y se preparan para la segunda mitad del día, prevista para las cuatro de la tarde, donde volverán a tomar las calles de Piornal con la misma entrega, la misma mística y la misma ambición festiva.

Y si el tiempo lo permite, probablemente haya más valientes dispuestos a saltar al ruedo de nabos, algo que la organización no descarta en absoluto. El magnetismo del Jarramplas no solo no se agota: se multiplica.

Lupa DEx 

jarramplasJarramplas: la fiesta que recuerda quiénes somos

Desde Digital Extremadura ponemos hoy el foco en la esencia de Piornal: un pueblo que no juega a las imitaciones ni a las modas, sino que defiende un ritual que es identidad, resistencia, humor, comunidad, dolor, música y memoria colectiva.

En tiempos de eventos diseñados para Instagram, el Jarramplas sigue siendo auténtico sin pedir permiso.
No se edulcora. No se suaviza. No se explica. Se vive.

Es una fiesta social, ancestral y personalísima que no pertenece a nadie y pertenece a todos.
Un recordatorio de que Extremadura tiene cultura propia, firme y vibrante, que no se deja moldear por los algoritmos ni por las prisas.

Y mientras los nabos vuelan, lo que realmente se eleva es un mensaje claro: que la tradición extremeña está más viva que nunca.