Las primarias: algunos apuntes

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Todo lo que no evoluciona se enmohece, se atrofia o deja de tener utilidad. Esto lo saben
los grandes grupos de influencia, llámense partidos, sindicatos o asociaciones. Hasta la
iglesia católica lo ha entendido, cuando cambió algunas reglas de sus ritos y aún
conservando la magnificencia de algunos de ellos se ha adaptado a las circunstancias de
un país o un territorio.

Evolucionar no significa romper con las bases de lo que es poderoso e influyente, es simplemente madurar el discurso a ton con las necesidades del presente y si la sociedad proclama su heterodoxia saber vivir con ella y si defiende la democracia en su vida y relaciones, convertir, aparentemente, cualquier órgano de decisión en el más democrático del mundo, para ir a la par.

De todos estos guisos surgen las primarias en los partidos. Y está bien. No hay nada que
resulte más atrayente que defender que un hombre, una mujer, tienen su propio voto y
pueden elegir a sus jefes de manera absolutamente clara y transparente. Las
nomenclaturas de los partidos lo aceptaron; a fin de cuentas, ellas siempre manejan la
información, los datos y las fechas y además tienen los contactos: en todas las
direcciones.

Cada militante de una organización puede además de votar, presentarse ante los
compañeros y compañeras para ser votado. ¿Por qué no? No se necesitan currículos
excelsos para pertenecer a aquella, sólo pagar una cuota, y una clara afición por la causa
política, algo que, como a los militares el valor, se da por supuesto. El axioma de que
todos los seres humanos son iguales permite la osada aseveración de que cualquiera es
capaz de dirigir a los otros y la aceptada igualdad de derechos entre iguales permite creer
que los cargos han de ser rotatorios y es útil que pasen de unos a otros por solidaridad. Si
al principio existían determinados filtros para entrar en el partido, como los avales de dos
militantes históricos -más que nada por razones de supervivencia-, con el paso de los
años se fueron desechando en la tranquilidad de que nadie pondrá contra las cuerdas a
ninguna de las organizaciones legales existentes ya que hay una clara normalización
democrática.

Debe reconocerse que el discurso es limpio. Nada que objetar al respecto. Y podría
resultar perfecto si la ambición o los intereses personales no lo pusieran en entredicho en
la práctica, utilizando la letra pequeña. Como en cualquier situación de la vida, los
humanos tienen tácticas para introducir sus actuaciones por aquellos lugares de la norma
que lo permiten. A fin de cuentas ¿quien no tiene intereses, amigos, compadres, parientes
en cualquier sitio, gente a la que convencer para jugar a la causa y formar grupo dentro
del grupo?. Tanto más, si como afirman los jefes, en política es uno mismo quien debe
buscarse su propio papel en el tablero y demostrar sus dotes y osadía para el oficio.
Sirven las primarias, sobre todo, para desfogar de alguna manera la normal energía de la
militancia. Subsumida como está detrás del líder (que es quien prácticamente tiene todo el
protagonismo), apenas goza de un rol distinto al de repartir propaganda previa a las
elecciones, así que unas elecciones internas entre candidatos le ofrecen un campo de
participación inédito para medirse y competir, apoyando a un candidato u otro, algo que
no puede hacer en el exterior. Pero las elecciones primarias dejan huella. Y fricciones
innecesarias. Y hasta heridas mortales de necesidad. Los humanos no son ángeles.


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