La haltera paralímpica de Losar de la Vera compite en el Europeo de Georgia mientras lucha contra un cáncer terminal. Su sueño sigue intacto: clasificarse para los Juegos de Los Ángeles.
Redacción, Deportes y Periodismo Humano, 5 de marzo de 2026.
La deportista paralímpica extremeña Loida Zabala vuelve a demostrar que hay gestas que no caben solo en el marcador ni en la báscula de los kilos levantados. La haltera de Losar de la Vera disputa estos días en Georgia el Campeonato de Europa, una cita decisiva en su camino hacia los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles, mientras convive con una enfermedad que la propia atleta define como otra “competición”.
Zabala afronta el campeonato en una nueva categoría, la de 73 kilos, un cambio que ha supuesto un reto adicional en su preparación. Para alcanzar el peso exigido, la extremeña ha tenido que modificar radicalmente su rutina alimentaria.
“Al principio me ha agobiado un poco”, ha reconocido la deportista, explicando que tuvo que esforzarse “muchísimo para desayunar mucho” con el objetivo de alcanzar el peso requerido para competir.
Pero lejos de rendirse, la atleta llega al Europeo con sensaciones extraordinarias.
Una lucha deportiva… y vital
La realidad que rodea a Loida Zabala es tan dura como inspiradora. La haltera extremeña convive con un cáncer terminal, pero su actitud no conoce la resignación.
Ella misma describe su momento actual como una doble batalla: la deportiva y la vital.
Lejos de caer en la desesperanza, Zabala asegura encontrarse en uno de los mejores momentos de su carrera.
“Nunca he hecho las marcas que estoy haciendo actualmente”, afirma con una mezcla de sorpresa y orgullo.
Su progresión en los últimos meses es, sencillamente, espectacular. En 2023, los efectos de los tratamientos médicos la obligaron a empezar prácticamente de cero.
Comenzó levantando apenas 40 kilos, muy lejos de su marca habitual de 100 kilos.
Sin embargo, la remontada ha sido asombrosa: terminó ese mismo año levantando 75 kilos, y recientemente ha alcanzado 106 kilos en el gimnasio, una cifra que la vuelve a situar entre las mejores.
El sueño del podio
Con esas marcas, Loida Zabala no oculta su ambición en el Europeo de Georgia. Sabe que la competencia será feroz, pero su espíritu competitivo permanece intacto.
“Mi sueño sería subir al pódium, a ver lo que pasa finalmente”, explica con serenidad.
La deportista lo resume con una frase tan sencilla como poderosa: “soñar es gratis”.
Pero detrás de ese sueño hay un objetivo mucho mayor: los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles.
Para Zabala, llegar allí es algo más que un reto deportivo. Es también un compromiso personal que mantiene con su oncóloga.
En su teléfono móvil, una alarma simbólica lo recuerda cada día. Se llama “Sigues viva” y está programada para sonar en una fecha en la que, según los pronósticos médicos, ya no debería estar aquí.
La química del optimismo
Lejos de discursos dramáticos, Loida Zabala habla de su situación con una mezcla de ciencia, disciplina y optimismo.
Atribuye su resistencia a una actitud mental muy concreta.
“Yo pienso que la motivación, el generar todos los días endorfina, oxitocina y serotonina, creo que eso puede con todo”, reflexiona.
Para ella, ese estado mental no es una simple cuestión emocional, sino una forma de fortalecer el cuerpo frente a la adversidad.
“Hace que tu cuerpo aguante incluso más de lo que debería aguantar”, afirma.
Lupa DEx
La lección de Loida
En tiempos donde el éxito suele medirse en cifras, seguidores o titulares efímeros, la historia de Loida Zabala devuelve al deporte su dimensión más noble: la del ejemplo.
La haltera extremeña representa algo que trasciende el resultado de una competición. Es resiliencia, dignidad y compromiso con la vida. Compite cuando muchos se rendirían, entrena cuando el dolor podría ser excusa y sonríe cuando la incertidumbre sería suficiente para bajar los brazos.
Su caso demuestra que el verdadero músculo del deporte no está en los brazos ni en las piernas, sino en la voluntad.
Extremadura tiene en Loida Zabala algo más que una atleta de élite. Tiene un símbolo generacional, una mujer que levanta hierro… pero también esperanza.
Y mientras el mundo mira los kilos en la barra, ella sigue levantando algo mucho más pesado: el derecho a seguir soñando.
Fuente: COPE EXTREMADURA






