La increíble supervivencia del montañero extremeño que desafió a la muerte en los Alpes.
El guía de montaña de Almendralejo Jorge García Tamurejo logró salir por sus propios medios tras quedar sepultado bajo tres metros de nieve en el Parque Nacional de los Écrins.
La montaña no negocia. Y Jorge García Tamurejo lo sabe ahora mejor que nadie.
Redacción DEx, Periodismo Humano, 10 de marzo de 2026.
El experimentado guía de montaña de Almendralejo (Badajoz) ha protagonizado una historia de supervivencia extrema tras permanecer sepultado durante quince horas por una avalancha en los Alpes franceses, concretamente en el Parque Nacional de los Écrins, una de las zonas de alta montaña más exigentes de Europa.
Lo que iba a ser una ascensión técnica a una cascada de hielo terminó convirtiéndose en una batalla silenciosa contra la nieve, el frío y el miedo. Y la ganó. Por muy poco.
El estruendo que lo cambió todo
García Tamurejo se encontraba preparando una escalada en solitario, algo habitual en su trayectoria como guía de montaña.
Acababa de llegar al inicio de la ruta cuando escuchó un estruendo brutal.
Segundos después, una masa de nieve y piedras cayó sobre él.
Primero una avalancha lo enterró hasta la cintura. Después llegó la segunda. Mucho peor.
En cuestión de segundos quedó completamente sepultado bajo tres metros de nieve.
“Me cayó como si fuera una ducha”, recuerda.
A oscuras, sin aire… y con la mente en guerra
La clave para sobrevivir llegó en los primeros segundos.

A partir de ahí comenzó una lucha brutal, tanto física como psicológica.
Durante horas, alternó momentos de desesperación con un instinto feroz de supervivencia.
“Pensaba que de aquí no podía salir, que no tenía más fuerza… pero luego volvía otra vez a la lucha”.
La oscuridad era total. El frío, insoportable. El tiempo, infinito.
El piolet que marcó la diferencia
La salvación llegó gracias a una herramienta básica del alpinismo: el piolet.
Sus pies estaban atrapados por los crampones y la nieve compactada. No podía moverlos.
Con el piolet, extendiendo el brazo todo lo posible, empezó a cavar milímetro a milímetro alrededor de sus botas.
Durante horas. Sin rendirse.
“Llegaba con una extensión de mi mano a la bota y cavaba alrededor”.
Finalmente logró liberar uno de los pies. Después el otro. Y empezó a abrirse camino hacia la superficie.
La salida: frío extremo y rodillas congeladas
Cuando por fin logró salir de la nieve, el infierno no había terminado.
Había perdido la mochila, el móvil, las llaves y todo el equipo.
Sus rodillas estaban prácticamente congeladas y no podía ponerse en pie.
Así que hizo lo único posible: arrastrarse por la nieve hasta la carretera donde estaba su furgoneta.
Intentó romper el cristal para coger unas llaves de repuesto. Pero sus manos estaban tan congeladas que no pudo. Entonces recordó algo que le salvó la vida.
El SOS que activó el rescate
A pocos metros había un túnel con un punto de emergencia SOS.
Arrastrándose, exhausto, consiguió llegar hasta allí y pedir ayuda. A partir de ese momento se activó un dispositivo de rescate de la policía francesa. Fue trasladado en una ambulancia 4×4 hasta el hospital, donde ingresó en UCI con hipotermia severa y casi fallo renal. Tres días después, pudo recuperarse.
“La lucha la gané por los pelos”
Hoy, ya fuera de peligro, Jorge García Tamurejo resume su experiencia con una frase que condensa todo lo vivido.
“La lucha la gané por los pelos”.
Una frase sencilla. Pero cargada de verdad.
Porque en la montaña —como en la vida— cada decisión puede marcar la frontera entre regresar o desaparecer.
LUPA DEx
La montaña siempre gana… salvo cuando la voluntad es más fuerte
La historia de Jorge García Tamurejo no es solo un relato de aventura extrema. Es, sobre todo, una lección brutal de supervivencia y cabeza fría.
En un mundo donde casi todo se resuelve con un clic o una llamada, él estuvo quince horas enterrado bajo nieve, sin móvil, sin ayuda, sin luz.
Solo con tres cosas: instinto, técnica… y una voluntad de hierro.
La montaña no negocia. Pero a veces —muy pocas veces— respeta a quienes no se rinden.
Y esta vez, un extremeño de Almendralejo logró salir vivo de su abrazo helado.
Fuente. COPE EXTREMADURA






