Redacción DEx, Badajoz, 13 de enero de 2026.
La tragedia golpeó este martes a Torremayor, un municipio de apenas mil habitantes en las Vegas Bajas del Guadiana, donde una mujer de 36 años perdió la vida tras quedar atrapada en una máquina en su lugar de trabajo. El aviso al Centro 112 de Extremadura se produjo a las 14.10 horas y alertaba de una “persona atrapada” con lesiones de extrema gravedad.
El suceso tuvo lugar en la empresa Meta Soluciones Metálicas Integrales, dedicada a la fabricación y comercialización de paneles sándwich para cubiertas y fachadas de edificios industriales, comerciales y residenciales. Según ha podido confirmar este diario, la trabajadora quedó enganchada en la maquinaria y sus compañeros intentaron liberarla sin éxito hasta la llegada de los servicios de emergencia.
Hasta el lugar se desplazaron efectivos sanitarios, fuerzas de seguridad y un equipo psicosocial de Cruz Roja, que atendió a familiares y compañeros de la víctima, visiblemente conmocionados. La mujer presentaba lesiones incompatibles con la vida y no se pudo hacer nada por salvarla.
No ha trascendido la identidad de la fallecida. El alcalde del municipio explicó que buena parte de la plantilla de la empresa procede de la propia Torremayor y de localidades cercanas como La Garrovilla, lo que ha incrementado el impacto emocional del suceso en la comarca.
La investigación para esclarecer las causas exactas del accidente ha quedado en manos de las autoridades competentes, en un contexto de especial sensibilidad por la reiteración de siniestros laborales graves en la región.
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La muerte de esta trabajadora vuelve a poner el foco en una realidad incómoda: la persistente profusión de accidentes laborales, muchos de ellos mortales, en sectores industriales donde la prevención debería ser innegociable. Más allá de comunicados y estadísticas, cada suceso reabre el debate sobre la efectividad real de los protocolos de seguridad, la formación continua y la supervisión de la maquinaria. Extremadura sigue sumando víctimas en el trabajo, y la pregunta ya no es cuántos accidentes más harán falta, sino cuándo se adoptarán medidas estructurales que eviten que la jornada laboral termine, una vez más, en tragedia.






