Muere Juan Marsé, el genuino escritor que inmortalizó a la Barcelona de la posguerra y Premio Cervantes 2008

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El universo literario del escritor Juan Marsé, fallecido este sábado a los 87 años, está directamente vinculado a la Barcelona de la posguerra, en la que el autor vivió su infancia, y que inmortalizó y reinventó en sus novelas, creando un universo cargado de canallas y perdedores.

Uno de los más destacados es Manolo Reyes, el ‘Pijoaparte’, protagonista de Últimas tardes con Teresa, la novela que en 1965 le permitió ganar el Premio Biblioteca Breve Seix Barrall e iniciar su consagración como escritor.

El ‘Pijoaparte’ es un ‘charnego’, un ladrón de motos que fascina a una joven de la burguesía catalana pues le cree una especie de obrero revolucionario. En el fondo, un trasunto del propio Marsé, criado en una familia humilde pero que mantuvo contacto estrecho con representantes de la Gauche Divine debido a su oficio de escritor.

«La historia del señorito que triunfa en un mundo de señoritos no me interesa nada. La historia del tipo que llega con una mano delante y otra detrás y dice: ‘Yo quiero también de eso que vosotros vivís, a ver si me hacéis un hueco’, este sí me interesa», aseguraba Marsé en un documental del programa Imprescindibles dedicado a su figura.

 Imprescindibles - Érase una vez Juan Marsé - Ver ahorareproducir video

El autor recordaba en esa entrevista que la novela surgió durante su breve estancia en París, a mediados de los años 60, cuando daba clases de español a un grupo de chicas de la burguesía francesa, a las que Marsé contó «cosas de mi infancia en el barrio chino, en el Carmelo. Ellas tenían como una especie de nostalgia de arrabal; de ahí surgió, en realidad, la idea de la novela. Teresa, la protagonista, es un trasunto de todas esas chicas».

La memoria ocupa un espacio central en la obra de Marsé. «Ciertamente un escritor no es nada sin imaginación, pero tampoco sin memoria«, señaló durante su discurso de recepción del Premio Cervantes 2008.

De la mezcla de ambas, memoria e imaginación, surge el universo literario de sus novelas. «Él creó una imagen de Barcelona que no sé si coincide con la verdad y la realidad, pero que se puede trasladar a otras ciudades y que es muy verdadera», señalaba a RNE el escritor Eduardo Mendoza tras conocer el fallecimiento de su colega y amigo.

Anticlerical convencido, irónico, narrador antes que escritor y con una imagen de tipo huraño y poco dado a las entrevistas, Juan Marsé logró a lo largo de su carrera literaria cultivar un estilo propio, influenciado a partes iguales por el cine de barrio, los tebeos de ‘El Coyote’ y las novelas del oeste pero también los grandes de la literatura como ProustJoyce o Dickens.

Nacido en Barcelona en 1933, su verdadero nombre fue Juan Faneca, pero su madre murió a los pocos días del parto y su padre lo dio en adopción a una familia humilde del barrio obrero del Guinardó, en el que se crió y que reprodujo en varias de sus obras.

Marsé creció en la posguerra, con un padre adoptivo de convicciones catalanistas que visitó por ello la cárcel con frecuencia. También los cines, debido a su trabajo de desratizador, lo que permitía al pequeño Juan entrar gratis y alimentar su mundo de fantasía.

Su infancia fue «muy austera pero feliz, su casa era un circo de tres pistas por la que pasaban personajes muy interesantes que él ha explotado en su obra», cuenta a TVE Josep María Cuenca, autor de Mientras llega la felicidad. Una biografía de Juan Marsé.

A los 13 años dejó la escuela y empezó a trabajar en un taller de joyería pero en su adolescencia comenzó a escribir cuentos. «Escribí unos relatos con 16 o 17 años y una vecina amiga de mi hermana Regina, una chica que además me gustaba mucho, tenía máquina de escribir y yo le pedí que me los pasara a máquina. Pero no sé hasta qué punto era una excusa», aseguraba el autor en un especial del programa Imprescindibles dedicado a su figura.

Tras realizar el servicio militar en Ceuta, y con las cartas que escribía a una chica del barrio como fuente de inspiración, publicó su primera novelaEncerrados con un solo juguete, en la que ya se dejan entrever algunas de las constantes de su obra.

Pero lo más importante fue que el libro fue finalista del Premio Biblioteca Breve de 1960 que concedía Seix Barral, lo que le permitió contactar con Carlos Barral, poeta y en aquel momento al frente de la editorial.

Barral pertenecía a la burguesía catalana y en su círculo se movían autores como Jaime Salinas o Jaime Gil de Biedma, que pese a las evidentes diferencias de clase, simpatizaron con Marsé y le aceptaron como uno más de aquella élite.

«A ese grupo de exquisitos, a todo ese aparato supersofisticado y superintelectualizado les encantaba tener un escritor obrero«, recordaba la agente Carmen Balcells -fallecida en 2015-, que tuvo a Marsé entre sus representados.

«Ellos entendieron a través de la lectura del libro que yo era un obrerete del barrio y la verdad es que casi todos eran señoritos. Supongo que había una cierta curiosidad; vamos, yo lo noté», reconocía el autor.

Gracias a una beca de Seix Barrall, Marsé pudo trasladarse a París a principios de los sesenta, pero pronto agotó los fondos y tuvo que ejercer diversos trabajos: el ya citado de profesor de español, pero también como traductor e incluso ayudante de laboratorio en el Instituto Pasteur.

En la capital francesa también contactó con los exiliados españoles y entró a formar parte del Partido Comunista, que posteriormente abandonaría. «Nos juntábamos un grupo, lo que se llamaba una célula. Y yo me aburría infinitamente. No me interesaba nada, lo que pasa es que iba por una chica francesa«, aseguró.

En su opinión, «la idea que tenían en París sobre las condiciones del obrero en España y sus ilusiones con respecto al futuro no se correspondían con la realidad».

En 1962 volvió a Barcelona, ya con una idea muy clara de lo que sería Últimas tardes con Teresa, con la que, ahora sí, logró el Premio Biblioteca Breve en 1965, consolidando su carrera como novelista de éxito, que sería reconocida con cerca de una veintena de premios, entre ellos el Planeta en 1978 por La muchacha de las bragas de oro y, especialmente, el Premio Cervantes 2008.

«Soy un catalán que escribe en castellano y nunca he visto en ello nada anormal«, aseguró Marsé durante su discurso de aceptación del Cervantes. Su amigo, el también escritor Manuel Vicent, ha asegurado tras conocer el fallecimiento de Marsé que «lo que más odiaba eran las banderas, le parecían trapos sucios llenos de polvo, sangre y falsos juramentos».

Discurso Juan Marsé, Premio Cervantes 2008

La oscura historia de la prima Montse (1970), Si te dicen que caí (1973), Un día volveré (1982), Ronda del Guinardó (1984), El amante bilingüe (1990), El embrujo de Shanghai (1993), Rabos de lagartija (2000), Canciones de amor en Lolita’s Club (2005), Caligrafía de los sueños (2011), Noticias felices en aviones de papel (2014) y Esa puta tan distinguida (2016) completan la relación de sus novelas, a las que hay que sumar cuentos, artículos y guiones.

Es el legado de este gran contador de historia que fue Juan Marsé, un nombre básico en la literatura española contemporánea, cuya humildad como creador se resumía en una de sus frases más célebres: «Para escribir, solo hacen falta tres cosas: tener una buena historia que contar, saber contarla y, la que es más importante para mí, tener ganas de contarla«.


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