MUJERES EN LA  ALTA POLITICA

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La Ministra de Hacienda, única mujer en una reunión de empresarios hizo hace poco tiempo que abandonaba una reunión  para que pudiera advertirse la diferencia que sigue existiendo: una sola mujer en el acto citado. Una  acción que pretendía manifestar  la lenta incorporación de las mujeres a los Altos Cargos Directivos a los Consejos de Administración y a los puestos de nivel político  aunque en realidad  los esfuerzos son poco resolutivos. No hay más que ver el encuentro de la Cumbre de la OTAN. Las mujeres por un lado con visitas turísticas que realmente tienen interés divulgativo pero ajeno al contenido del transcendente encuentro, hecho que hay que reseñar por la distancia entre los grupos que intervienen en el ámbito político.

La sociedad de hoy, asume con naturalidad el  pluriempleo de las mujeres, que trabajan fuera de casa y dentro del hogar que es una verdadera PYME, con total eficacia en ambas situaciones. Solamente hay que recordar la actividad de las  africanas trabajando en el campo y cargando cestos de más de 30 kilos, con los niños a la espalda  y es admirable la lucidez de gestión en los  microcréditos que concede el Banco de Inversiones (BEI) de la Unión Europea. Las que acceden a ellos, crean pequeñas empresas con  iniciativa  y devuelven lo prestado con puntualidad

Hay miles de mujeres en el mundo muy estimadas en sus diferentes profesiones: enfermeras, arquitectas, costureras, maestras, ingenieras, médicas, sin olvidar a las mujeres que trabajan en el campo  gobernando con decisión y gran capacidad y tantas otras que realizan su actividad laboral  en el campo de la ciencia y la tecnología.

Todos los años se celebra  el  Día Internacional de la Mujer con múltiples manifestaciones pero son en realidad, voces en el desierto porque se aprecia con tristeza que la desigualdad es patente y todo sigue igual desde hace años.

Preocupa que figuren tan pocas  mujeres  en la cúpula de las  empresas y en la gestión  política cuando, en verdad, pueden aportar un gran valor. Están muy preparadas. No es  una cuota, es la equidad para un mejor futuro, por cuanto han demostrado que realizan funciones de trascendencia social en su vida  especialmente en situaciones trágicas,  en  las guerras y ahora mismo en esta cruel pandemia han desempeñado trabajos esenciales con gran entrega y máxima eficacia.

Las empresas del Ibex-35 registran en el año 2022 un 33,7 % de presencia femenina pero solo 15 empresas acceden al índice de igualdad. Se habla de ello pero  apenas se advierte el cambio.  Sigue siendo  poco común que se nombre a una mujer directora de un banco, que llegue a dirigir un hospital,  presida el Tribunal Supremo, la Guardia Civil o un alto cargo político y si bien ya proliferan las mujeres ministras pero apenas llegan a  jefes de Estado.

Debe ponerse de relieve en cualquier ocasión,  el rechazo absoluto a  los asesinatos en el ámbito doméstico, y el acoso laboral que no cesa. Se ha señalado con espanto un titular, afortunadamente lejano de un diario que decía: “apuñala a su mujer, sin causa justificada”, era fruto de  una situación atrabiliaria y humillante pero ahí estamos.

La mujer sigue relegada en muchas  áreas del conocimiento especialmente en las ciencias y en la tecnología. Hubo algunas muy destacadas, como  la zaragozana María Andrea Casamayor de la Coma, nacida en 1.720, una experta en matemáticas que tuvo que firmar con nombre de varón para poder  publicar su obra “El Tirocinio matemático sobre las cuatro reglas llanas”. Otro ejemplo poco conocido es el de la alcaldesa de Alange (Badajoz) Julia Mayoral, nacida en 1902,  gran persona, creadora de un Negociado Social y un fondo económico de paro  agrícola.

En la actualidad tenemos a grandes científicas como fue Margarita Salas y hoy Margarita del Val, investigadora del Csic que nos está documentando sobre la evolución de la pandemia con sus rigurosos trabajos. Tanto  las sociedades como  las empresas y los grupos políticos tendrán mayor eficacia  si utilizan el talento y la experiencia de las mujeres en los departamentos científicos, en los cargos ejecutivos de las altas empresas  y en el ámbito político,

Pero falta mucho camino y hay clamar contra cualquier desigualdad que persiste, como la  llamada  “brecha salarial” que significa pagar menos a las mujeres por el mismo trabajo y  se dice  con  tranquilidad que  desaparecerá en  el año 2086. Qué largo lo fían

 

LA AUTORAM ES ACADEMICA CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA DE JURISPRUDENCIA Y LEGISLACIÓN


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