Julián, el principal acusado ha confesado el asesinato ocho años después de la desaparición de la vecina de Hornachos. Ambos hermanos han ingresado en prisión tras declarar en los juzgados de Villafranca de los Barros.
Confesión, restos hallados y prisión: el caso Francisca Cadenas entra en su fase judicial más decisiva.
Redacción DEx, 15 de marzo de 2026.
Los dos hermanos detenidos por la muerte de Francisca Cadenas, desaparecida en Hornachos en mayo de 2017, han ingresado en prisión provisional tras declarar este sábado en los juzgados de Villafranca de los Barros. La decisión judicial llega después de una jornada marcada por la tensión y la indignación vecinal, con decenas de personas concentradas a las puertas de la sede judicial.
A su llegada, los detenidos fueron recibidos entre gritos de “asesinos, asesinos”, reflejo del impacto que este caso ha provocado durante años en la localidad pacense.
Declaración de una hora ante el juez
Los hermanos González comparecieron ante el juez instructor durante aproximadamente una hora. Según las primeras informaciones, solo respondieron a las preguntas de sus abogados, José Duarte y Aurelia Martín.
Tras la declaración, el magistrado decretó prisión provisional para ambos, mientras continúa la investigación judicial sobre uno de los casos de desaparición más conmocionantes de Extremadura en los últimos años.
Una confesión que cambia el caso
El giro decisivo de la investigación se produjo el viernes, cuando Julián, el hermano menor, confesó ante la Guardia Civil ser el autor del crimen de Francisca Cadenas.
En su declaración, además, exculpó a su hermano Lolo, asegurando que no participó directamente en el asesinato. Según su versión, el otro detenido se encontraba aquella noche en el Hospital de Mérida, circunstancia que ahora deberá ser aclarada por los investigadores.
Ocho años de misterio en Hornachos
La desaparición de Francisca Cadenas en mayo de 2017 se convirtió desde el primer momento en uno de los casos más enigmáticos de Extremadura.
Durante años, el pueblo de Hornachos convivió con preguntas sin respuesta mientras la familia reclamaba justicia. Todo cambió recientemente cuando la Guardia Civil localizó restos óseos enterrados en el patio de una vivienda, a apenas unos metros del lugar donde la mujer fue vista por última vez.
Los análisis biológicos confirmaron posteriormente que los restos pertenecían a Francisca.
Investigación abierta
A pesar de la confesión, el caso sigue abierto. Los investigadores tratan ahora de reconstruir con precisión lo ocurrido aquella noche de 2017, esclarecer si hubo encubrimiento y determinar el grado de responsabilidad de cada uno de los detenidos.
Mientras tanto, en Hornachos persiste una mezcla de alivio, indignación y dolor. Ocho años después, el caso empieza a encontrar respuestas, aunque todavía quedan muchas preguntas por resolver.
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El crimen que nunca se fue de Hornachos
Hay crímenes que pasan a formar parte del paisaje moral de un pueblo. No porque se olviden, sino precisamente porque nadie logra olvidarlos. El caso de Francisca Cadenas ha sido uno de ellos.
Desde aquella noche de mayo de 2017 en la que desapareció en Hornachos, el pueblo convivió con una incómoda sensación: algo terrible había ocurrido demasiado cerca. No había pistas claras, pero sí una ausencia que pesaba cada día más.
Durante ocho años, el caso fue un misterio que desafiaba a la lógica. Una desaparición a apenas unos metros de su casa, sin rastro, sin explicación. En los bares, en las plazas, en las conversaciones discretas, el nombre de Francisca volvía una y otra vez.
El reciente hallazgo de restos humanos y la confesión del principal sospechoso han cambiado el rumbo de la investigación, pero también han confirmado el peor de los temores: no fue una desaparición, fue un crimen.
La decisión judicial de enviar a prisión provisional a los dos hermanos detenidos marca un punto de inflexión en un caso que ha mantenido en vilo a Extremadura durante casi una década.
Pero más allá de la investigación y de lo que determinen finalmente los tribunales, este episodio deja una huella profunda. Porque cuando un crimen ocurre en una comunidad pequeña, no solo rompe una vida: rompe la tranquilidad de todo un pueblo.
Hornachos empieza ahora a cerrar una herida que llevaba demasiado tiempo abierta.
La justicia dirá la última palabra. Pero la memoria de Francisca Cadenas ya forma parte de la historia de este lugar.






