RICCIARDO GANA EL MUERMO PRINCIPESCO.

Vettel y Hamilton completaron el podio. Sainz décimo. Alonso abandonó.

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GRAN PREMIO DE MÓNACO DE FÓRMULA 1, 2.018.

Circuito urbano de Montecarlo.

Esta carrera necesita un cambio radical. Hace años era muy espectacular observar a los ricos en los yates o que un príncipe entregara el trofeo a los ganadores. Pero la Fórmula 1 tiene en la actualidad otros grandes premios, como Singapur o los de los petrodólares, donde se respira más pompa y riqueza que en el principado. Si a esto le añades que es imposible adelantar, el gran premio pasa a ser un muermo total. Son demasiados años viendo, sin ninguna emoción,  trenes de coches circular por Montecarlo durante casi dos horas.

Del peligro del aburrimiento en las carreras urbanas aprendió la F1. Pasaba en Valencia, por ejemplo, y en otros circuitos. En la actualidad ocurre un poco en Singapur, pero como esa carrera es de noche y en un entorno de lujo de máximo nivel, tiene un pase. En Bakú, sin embargo, plantaron una recta de dos kilómetros y los grandes premios son un canto a la emoción. Lo de Mónaco no hay por donde cogerlo. O cambian el trazado o la gente empezará a pasar de esta mítica carrera en la que este año por no haber, no hubo ni coche de seguridad. Ningún piloto se arriesga a perder puntos en esta ratonera.

Ricciardo salía primero, seguido por Vettel y Hamilton. Se apagó el semáforo y tras más de 70 vueltas, Ricciardo llegó el primero, seguido por Vettel y Hamilton.

Fijaos en la dificultad de superar rivales de la que os escribo. En el primer tercio de carrera, el australiano de Red Bull se quedó sin potencia eléctrica. Perdió más de 100 caballos y la séptima y octava marcha de su bólido. Pues Vettel no intentó nunca adelantar. Aseguró el segundo puesto y punto. Hamilton comunicaba por radio que se quedaba sin ruedas intentando poner nervioso a alguno de sus rivales pero nadie picaba. 

Verstappen, que salía el último por un accidente en los libres tres del sábado, iba superando rivales (le iban dejando pasar) hasta que llegó a la zona de puntos donde se le acabó el fuelle. Se dejó ir hasta el final.

Alonso abandonó por fallo en su McLaren. Lo peor fue la cara de indiferencia del asturiano al responder a los periodistas. Debió volver a correr la 500 millas de Indianápolis este año. Él y nosotros nos lo hubiéramos pasado muchísimo mejor. Carlos Sainz acabó enfadadillo porque la estrategia de neumáticos le perjudicó en un par de puestos. No tiene mayor importancia.

No he podido averiguar quién es el culpable de que el Gran Premio de Mónaco coincida con las 500 millas de Indianápolis  pero al genio que lo ha hecho, deberían decirle cuatro cosas. Y es que finalizar la fórmula 1 en Mónaco y pasar a ver las 500 millas es un gran ejercicio mental para los que amamos las carreras con pasión. ¡Qué diferencia! 

Y para terminar de cerrar el círculo, Ricciardo  y Newey bebieron champán de la bota del australiano. La princesa simuló que bebía “a morro” de la botella del ganador mientras el príncipe aplaudía jocoso tanta ordinariez. Gritos, saltos y abrazos. Solo faltó una charanga tocando “el tractor amarillo”. A esta mítica carrera le han quitado hasta el glamour. Prefiero ver al ganador en Indianápolis bebiendo el vaso de leche.

Próxima estación: Canadá. 

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