TIEMPOS DIFÍCILES PARA LA EDUCACIÓN SOCIAL

Comparte en redes sociales

Vivimos tiempos difíciles para aquellos y aquellos que nos dedicamos profesionalmente a la educación, especialmente para los que nuestro ámbito de actuación se enmarca dentro de la “educación social”.

Estos días en los que se escuchan tanto las palabras, igualdad, feminismo, violencia, política, ciudadanía, jóvenes, mujer, infancia, inmigración, desempleo, vivienda, pensiones…es imposible no sentir cierto fracaso como agente de cambio y transformación social que se supone éramos y somos.

>

Siguiendo la definición de Petrus (1997), la educación social es la responsable de la didáctica de lo social, la socialización, adquisición de competencias sociales y también la responsable de la formación política de los ciudadanos.

La educación social es un derecho de la ciudadanía que debe garantizar la conciencia de responsabilidad pública frente a los problemas de convivencia, el surgimiento de nuevas modalidades de exclusión y marginación social y la necesidad de construir un mundo en el que todos y todas podamos compartir bienes de forma mas equitativa.

Concebimos a la educación social como una prestación educativa, al servicio del cumplimiento de los valores fundamentales de un Estado de Derecho; igualdad de todos los ciudadanos, máximas cuotas de justicia social y el pleno desarrollo de la conciencia democrática.

Y vivimos fundamentalmente grandes dificultades por un motivo que es clave y que está en la génesis del problema, nadie se ha encargado con rigor de la formación política de los ciudadanos y del desarrollo real de su conciencia democrática. Y cuando decimos con rigor nos estamos refiriendo a la esquizofrénica política educativa que ha reinado en las últimas décadas, en la que hemos deambulado entre multitud de fórmulas discontinuas de planes de estudio, plagados de experimentos.

Las generaciones de padres y madres que están educando en este momento a las chavales, están bastante perdidas o directamente están ejerciendo una dejadez de funciones casi total.

Estamos en un momento clave para plantear una nueva estrategia pedagógica que ponga punto y final a esta situación y diseñe un nuevo modelo basado en la adquisición de valores fundamentales y competencias sociales reales.

El hándicap evidente es la lucha contra los intereses de aquellos que aspiran al mantenimiento de una ciudadanía ignorante políticamente y desvinculada de los problemas de convivencia social.

Hace unos días tuve la oportunidad de sufrir la reprobación de un padre, con un estilo de comunicación muy agresivo, cuando llamé la atención a su hijo en un establecimiento de hostelería y le pedí que rectificara una conducta que los padres no habían observado y perjudicaba a los usuarios del establecimiento. (Son cosas inevitables de mi deformación profesional al trabajar de manera continua con chicos y chicas en edad escolar, es difícil quitarse las gafas de observadora de conductas)

Ocurrió que el menor, de unos 10 años había hecho una “trastada” en el baño de señoras dejando un rollo de papel higiénico desenrollado adrede en medio del pasillo y colgando por toda la pared sobre los adornos del lugar. Al salir del baño me acerqué a él y le dije que había dejado el baño en malas condiciones y lo correcto sería que volviera para recogerlo.

En ese momento el padre que no estaba junto al chaval se acercó a mí y con un tono amenazante me prohibió que hablara con su hijo menor de edad, recalcó varias veces la condición del niño como menor de edad, como si de un abogado defensor se tratara.

Cuando le expliqué la situación al airado señor se dio la vuelta con su hijo, lo sentó a su lado a ver la enorme pantalla del establecimiento en la que estaban viendo con total atención un partido de futbol y en ningún momento se encargó de que su hijo asumiera la responsabilidad de recoger o limpiar lo que había ensuciado.

Por lo que aquel acto quedó sin la oportuna corrección con unas consecuencias directas sobre la conducta del chaval. Y con mi cara de estupefacción por la desmedida reacción del padre y posterior actuación sobre su hijo.

En ese momento se creó en la mesa en la que estaba celebrando un cumpleaños, junto a mi familia, un intenso debate sobre la actuación que yo había tenido en ese momento, al “entrometerme” en la conducta de un chico desconocido y la responsabilidad del padre sobre su hijo.

No sé que opinaréis al respecto pero yo tengo la certeza que como dice un proverbio africano: para educar a un niño hace falta la tribu entera.

 

La autora es miembro de CONTEXTO ACTUAL, Grupo de análisis político y social, formado por especialistas en diversas materias, de carácter crítico, preocupado por la situación actual.


Comparte en redes sociales

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable Digital Extremadura .
  • FinalidadModerar los comentarios. Responder las consultas.
  • Legitimación Su consentimiento.
  • Destinatarios Sered.
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.