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Títulos para todos

Títulos para todos

     -Usted al mi José si le tiene que pegar una torta, se la pega que para eso usted es la maestra.

Al su Jose, si quería yo alcanzarle para lo que fuera, me tenía que subir a un taburete, pero era la maestra y cualquiera le decía a la buena señora como afirmaba oronda una prima de mi madre “Yo no soy maestra, soy profesora de EGB”.

A mí como que me da igual que me llamen doctora, licenciada, diplomada, profesora, maestra o poli de guardería. Lo que ya me saca de mi estado casi zen es eso del título para todos hayas suspendido lo que hayas suspendido. Es decir, certificado de buena salud secundaria y a tirar millas. Total, si te matriculas, apruebas, si asistes, tienes un notable y si protestas, te pongo el sobresaliente y hala, a engrosar las estadísticas de la incompetencia. Una vez que hemos comprobado el grado de ocurrencia de las autoridades educativas, más nos vale respirar hondo y recurrir al viejo dicho de oír, ver, callar, y celebrar Santa Nómina bendita, patrona de los funcionarios que se festeja cada 27 de mes. A eso hemos llegado si no queremos perder la poca cabeza que nos queda.

-A ver qué hacen para volver a clase, que el niño está imposible y no me hago con él.

A mi director le llegan llamadas del Altísimo con disposiciones que incluyen distancia de seguridad, mamparas y geles para lubricar la vuelta a la normalidad y airadas andanadas de madres al borde de un ataque de nervios porque ponemos muchos deberes y porque los niños están imposibles ahí en su casa. Y como es un santo varón, todo lo escucha pacientemente al otro lado de la mampara que refleja su rostro contrito. El curso que viene, apuesto yo, empezaremos con toda la normalidad y el apretujamiento porque no hay dinero para contratar más profesores y eso de ir a dar clase al salón de actos es inviable, hace un frío de fenecer, señá ministra.

Nadie nos pregunta a nosotros, al pie del cañón de la tiza y del ordenador, por la solución a todos los males que tiene un latinajo no apto para economías en crisis: Ratio. Cuántos menos alumnos por aula, mejor para todos porque somos capaces de enseñarles convenientemente, atender  su fecunda diversidad individualmente y hasta evitar que nos contagien. Pero claro, ratio implica contratar a más personal que resulta que tiene la mala costumbre de cobrar. Una pena, en este país donde todos somos políticos, entrenadores de fútbol y microbiólogos, también resultamos unos profesores de secundaria capaces de opinar sobre lo divino y lo humano. Y así nos va, que dentro de poco tendremos que regresar a un aula atestada donde la distancia de seguridad será esa quimera de la que se hablaba mientras le ponían una mampara a mi pobre director para protegerle de toda perturbación. Y es que yo no me hago con tanta tontería, pero eso sí, el título para todo, que total, para lo que le va a servir al personal.    

 

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