" Distopía: sociedad ficticia indeseable en si misma...(que) suele ser introducida mediante una novela, ensayo, cómic, serie televisiva, videojuegos o película...”

Detesto a los inquisidores excelsos, esos “voceros” subidos a los “púlpitos” de las
“iglesias” de hoy lanzando diatribas de todo y contra todos. Tienen sus manías, sus
caballos de batalla, sus propias obsesiones y sus enemigos. Hambre y fuego, parecen
gritar contra casi todo y en especial sobre figuras concretas. Ya ni analizan lo que dice
alguien si ese alguien tiene un nombre al que ellos odian. La herida que han sufrido debe
ser profunda, sin cura ni cicatriz. O la frivolidad, manifiesta.

Los y las “monjas alférez” tienen infinidad de matices, son riquísimos en recovecos, en
argucias dialécticas, con un cerebro adiestrado para indagar, para retorcer el argumento,
para hacer requetepreguntas. Como están bien considerados por la opinión pública,
disponen de una gran cantidad de recursos humanos para hacerles una gran parte del
trabajo y ofrecerles los datos precisos,necesarios en la parte cotidiana de aquel. Sus
ayudantes son los “carboneros” de la habitación de la caldera, los que se tiznan con el
carbón, la cara y los brazos…o lo que se tercie.

Ningún asunto se les escapa. De todos tienen una opinión preestablecida, conforme a la
situación que se les presupone. Interrelacionan con el medio, en astuta sabiduría, y así
van diariamente marcando pautas de conducta, de importancia, de persuasión en cada
tema.

Ya lo dijo una amiga hace bastantes años: nos creemos libres pero no lo somos, vestimos
la ropa que nos dicen que es la moda, leemos los libros “cultos” que nos aconsejan,
soportamos programas que no nos gustan, endiosamos a personajillos y odiamos, (o no),
a aquellos congéneres que nos dicen que son detestables (o maravillosos). Son las
grandes pautas de Gran Hermano, introducidas, como a la ligera, entre oyentes,
tertulianos, comensales y otras faunas, reconstruyendo los argumentos de aquellos libros
que antaño nos parecieron llenos de mensajes extraños. Las distopias…

¿Y qué es una distopía? “Pues una sociedad ficticia indeseable en si misma…(que) suele
ser introducida mediante una novela, ensayo, cómic, serie televisiva, videojuegos o
película…” (Wikipedia). Parece haber sido John Stuart Mill, la primera persona que usó el
término en una intervención parlamentaria, allá por 1868. “Un mundo feliz” de Huxley o
“1984” de Orwell, son algunos ejemplos. Está claro que el futuro desenfocado puede
construirlo la mente del hombre o la mujer con sus propios demonios internos.

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