VERANOS

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Estimados compatriotas:

Embalse Paraíso, Acehúche

No habíamos acabado de comer y ya estábamos cavilando la ida al río. A veces había montura, a veces, no. Y si no la había, unas veces a pie y otras andando. Mucho cambió la cosa cuando se ensanchó un poco la calleja y podían bajar los coches. Pero antes, antes de que subieran las aguas, cuando el río era aún río fluyente, ir a bañarse en sus aguas era placer de dioses. Qué les voy a contar a los mayores. Echarán de menos aquellos baños tanto como yo.

De chicos, las eras en el Ejido Patero, que pasó a la historia, un chapuzón en la Simeonina (allí aprendimos a nadar) y luego en la “Piscina” (que estaba en el huerto de al lado). Ah, los veranos de antaño! Cine en el cine de verano y veladores delante del Bar, un juki o una carpinta, alguien se acordará.

Noches de verano, la gente sentada en las puertas buscando el airecillo fresco; paseos por la carretera, desde el barrio “La Cuartilla” hasta el huerto “Los Calamorros”. Los años van a una velocidad vertiginosa. Llegaban los emigrantes con sus novedades catalanas o vascas y se animaba el cotarro una barbaridad.

El “mentidero de la villa” estaba en la esquina de tío Justo. Pronto por la mañana, ya había algunos allí comentando esto y lo otro; a las doce las primeras birras con la tapita de ensalada; luego al Bar, a casa de Pablo o a la Plaza a ver a Rafael (las deliciosas turras con tomate de Jacinta).

Por la tarde, “D.Fausto, vámonos a los black-basses a la Rivera”, o a lo que se terciase. Esta noche hay cine, o baile en la pista. “Pedro, vamos a partir a aquellas dos” “¿Hacéis el favor?” y hala, al pasodoble o al “valscorrido”. Y llegaba agosto: los toros. Antes del día 15, novena de La Virgen, por la tarde al cerro de Santa María. Apertura de Media Veda: tórtolas a tutiplén. Esta tarde al Prado de la Yegua, mañana a las Cuatro Hermanas o al Charco Paraíso.

Veranos del ayer. En septiembre, unos nubarrones pardos venían por  Portugal y descargaban la tormenta. Declinaba el verano y aparecían las primeras “minitas” entre las peñas del Ejido. Adiós.


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