Carlos Cuerpo.

Carlos Cuerpo, tras la salida de Puente: ¿ Ha llegado la hora de gobernar sin levantar la voz ?

En política no siempre hace más quien más ruido provoca, a veces gobierna mejor quien escucha, estudia y resuelve.

Paco de Borja

Hay políticos que necesitan un micrófono para respirar. Otros prefieren los expedientes, las reuniones discretas y las decisiones que terminan mejorando la vida de los ciudadanos. Dos maneras de entender el poder. Dos estilos que ahora se encuentran en el Ministerio de Transportes, tras la dimisión de Óscar Puente y la llegada provisional del extremeño Carlos Cuerpo.

No es un relevo cualquiera. España atraviesa una crisis ferroviaria de enorme gravedad, marcada por la tragedia, el sufrimiento de las víctimas y una creciente desconfianza ciudadana. Y precisamente en momentos así, las formas también importan.

Carlos Cuerpo ha construido su trayectoria pública desde el rigor económico, la capacidad de gestión, la prudencia y una discreción poco habitual en una política demasiado acostumbrada al espectáculo. No necesita convertir cada declaración en una batalla ni cada discrepancia en una trinchera. Su talante dialogante representa una forma de ejercer la responsabilidad institucional que merece atención.

Óscar Puente ha encarnado un estilo muy diferente: contundente, combativo y extraordinariamente presente en las redes sociales. Sus defensores lo consideran un político directo, sus detractores cuestionan sus frecuentes enfrentamientos dialécticos. Pero conviene recordar que ni hablar más alto significa gobernar peor ni guardar silencio garantiza hacerlo mejor. La verdadera diferencia deberá establecerla la gestión.

Cuerpo hereda mucho más que un ministerio. Recibe una responsabilidad política y humana que exige transparencia, explicaciones convincentes, seguridad ferroviaria y, especialmente, respeto hacia quienes han perdido a sus seres queridos. Las víctimas no necesitan grandes discursos ni enfrentamientos partidistas. Necesitan verdad, justicia, reparación y respuestas.

Su experiencia económica puede resultar valiosa para abordar inversiones, planificación y modernización de infraestructuras. Pero tendrá que escuchar a los técnicos, conocer los problemas reales y demostrar que la serenidad también puede traducirse en decisiones eficaces.

Desde Extremadura observaremos su desempeño con particular interés. No solo porque sea uno de los nuestros, sino porque esta tierra conoce demasiado bien las promesas ferroviarias incumplidas, los retrasos interminables y esa sensación de periferia que tantas veces nos ha acompañado. Ser extremeño no le concede un crédito ilimitado. Le obliga, si acaso, a comprender mejor nuestras reivindicaciones.

La dimisión de Puente cierra una etapa, pero no resuelve por sí sola los interrogantes pendientes. Las responsabilidades políticas no desaparecen con los relevos ministeriales, como tampoco se recupera la confianza ciudadana mediante un simple cambio de nombres.

Carlos Cuerpo tiene ante sí una oportunidad y una prueba. La oportunidad de demostrar que se puede ejercer la autoridad sin estridencias. Y la prueba de convertir las buenas maneras en resultados tangibles.

De momento, Cuerpo tiene ahora una responsabilidad muy vigilada mediática y socialmente  para refrendar su categoría política por encima de su prestigioso curriculum profesional y su demostrado talente humano. 

La política no necesita más protagonistas empeñados en ganar discusiones. Necesita servidores públicos capaces de resolver problemas.

Al final, gobernar no consiste en tener siempre la última palabra, sino en conseguir que los ciudadanos vuelvan a confiar en ella.

 

 


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