La fiesta de Las Lavanderas y la quema del pelele abren el carnaval

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Como cada año, las lavanderas, los aguadores y pelele han dado el pistoletazo de salida al carnaval. Tras reunirse en la plaza Mayor, han asistido a la quema del pelele tras la lectura del manifiesto. Además, se han repartido los tradicionales dulces de esta fiesta, los coquillos. De esta manera se rinde homenaje al duro trabajo que realizaban las lavanderas, recordando y poniendo en valor una tradición que permanece viva con la quema del pelele.

[Img #25029]Las lavanderas procedían de las capas más
humildes de la sociedad cacereña y, como tales, en el plano laboral se les
presentaban varias posibilidades, todas relacionadas con el servicio: aguadora,
lavandera, sirvienta, temporera del campo, (aceitunas, espigueo, etc.). Este
tipo de trabajos solía pasar de generación en generación, hasta el punto de que
muchas lavanderas eran conocidas por el apodo de sus antepasados (Las
Culolobos, Las Galapas, Las Cañetas).

[Img #25030] 

[Img #25031]El trabajo de lavar la ropa es un trabajo
tradicionalmente doméstico, que desempeñaban, sin duda, todas las mujeres de la
familia. El hecho de que se convierta en un trabajo de carácter no doméstico,
es decir, remunerado lo hace el asentamiento y desarrollo de las clases medias
cacereñas (funcionarios, comerciantes, militares) ya que las clases altas
disponían, tanto de servicio propio, como de infraestructura para realizar la
colada dentro de sus casas (pozos, pilas, huertas).

 

En los lavaderos públicos, el mantenimiento
corría a cuenta del Ayuntamiento, y era común el pago de un canon que servía
para mantener a un guardia en el lavadero o pagar por el alquiler de pilas y
alambres para el tendido de la ropa. En los lavaderos privados se pagaba un
alquiler, cada día que se utilizaban los servicios de los mismos. En éstos, las
que sufrían, a veces, los abusos del uso privativo del agua eran las lavanderas.
Cuando se había terminado la colada, a finales de semana, las lavanderas
devolvían la ropa, recibiendo el jornal acordado con sus respectivas amas.
Estos jornales eran una pequeña ayuda a la economía doméstica, y otras veces
suponía la única entrada de dinero y la base en la que se apoyaba su débil
economía.

 

 

[Img #25032]Por tradición oral, nos han llegado hasta
nuestros días los nombres, los apodos y otras características de algunas
lavanderas. Quizás la más conocida de esta última generación de mujeres, que se
vieron “jubiladas” entre los años 50 y 60, como consecuencia del
desarrollo tecnológico que hacía posible la aparición de la lavadora eléctrica
que es, sin duda, el elemento que de forma más decisiva intervino en la
desaparición del oficio. La generalización del uso de la lavadora se produce a
partir de los 60, aunque el primer anuncio de la prensa local del que tenemos
constancia, apareció en el Diario Extremadura el 15 de junio de 1956 que
anunciaba “La Super Máquina de Lavar BRU”.

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