¿DÓNDE ESTÁ LA DIGNIDAD DE LOS DEMÓCRATAS?.

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La
degeneración en términos de militancia política, es algo que
siempre ha existido y va a seguir existiendo, porque es algo
consustancial al hombre en el ámbito asociativo, salvo que se ponga
remedio jurídico o político a ello
.
Se suele dar más en épocas próximas a procesos electorales y
tendríamos cientos de casos para ponerlos como ejemplo; y es verdad,
que esa permisividad jurídica y política, no solo no satisface, ni
mejora nada, ni a nadie, sino que además, termina por desencantar a
los pocos ciudadanos que quedamos pensando, que todavía en política
y por ese camino, se pueden conseguir cosas importantes para una
convivencia pacífica del pueblo
.

La
regeneración política, no solo es buena para los propios Partidos,
sino que es necesaria para que la ciudadanía en general siga
creyendo en política y en los políticos y para que el camino de
nuestra Democracia, siga su curso recto y sin tropiezos
.

Si
seguimos por la misma senda en la que nos encontramos, es decir
admitiéndolo todo, se va a dar la sensación de que se han terminado
los
“idealistas”,
que afortunadamente solo luchamos por mejorar la sociedad (que solo
seguimos el camino de la política de forma altruista), y luego están
los que padecen de inflamación de
“estómago”,
o los bien llamados
“pancistas”,
que tanto abundan
.

Al
principio de mis comentarios aludía, que suelen darse los problemas
de degeneración política, cuando se aproximan los procesos
electorales, pero no es menos cierto, que durante toda la
legislatura, muchos ciudadanos (políticos o no) buscan y rebuscan
fórmulas para enrolarse en otros partidos políticos mejor situados,
con posibilidades de gobierno, para medrar y lucrarse abiertamente a
la más mínima ocasión; o irse buscando el hueco apropiado para
seguir medrando, aunque no se esté en política directamente; es
decir, en puestos de responsabilidad encubiertos con pingues
beneficios fraudulentos
.
Y aquí nos conocemos todos
.

Es
cierto, que los partidos políticos en Democracia, necesitan nutrirse
de militantes para organizar y completar sus listas a la hora de
entrar directamente en política, ya sea para gobernar, ya sea para
cumplir con la obligación de controlar, fiscalizar y observar a los
que gobiernan; pero no es menos cierto, que en política
“no
todo vale”

y sería muy saludable y beneficioso para todos, que a la hora de dar
cobijo y entrada a ciertos militantes (sobre todo a los que provienen
de otros partidos), se les examinara con lupa, antes de abrirle los
brazos alegremente al primero que llega, porque después pasa lo que
está pasando; que viven solamente de los insultos
.

Y
cómo es posible, que personas que preconizan casi a diario,
fundamentos y formas de vida, en las que predominan, el fomento de la
moralidad en los negocios, en las profesiones, en la política y en
las relaciones sociales, puedan caer en la baja torpeza de inducir a
sus congéneres a la calumnia, al atropello malintencionado, al
comentario dañino, al malestar social y todo para conseguir metas no
merecidas por ese medio; en definitiva
:
¿
La
ambición personal
?.
Yo no entiendo que para situarse en política, solo valga el
insulto, la humillación y la injuria al adversario; por eso mi
descompostura y mi alteración en determinados momentos que nunca
pretendo ni deseo
.

Hablamos
con demasiada ligereza de los conceptos filosóficos
“moralidad”
y
“ética”,
pero practicamos desgraciadamente bien poco estas normas mínimas de
convivencia en nuestra sociedad
.
La ética, nos obliga a mantener actitudes y formas de vida, que
debemos demostrar día a día, y no podemos hacer gala de ella y
despojarnos de la misma, al primer traspié; sobretodo, siendo como
es bandera del progresismo político de este país
.

¿Entonces, de qué tipo de Ética estamos hablando, cuando
insultamos y ponemos en entredicho al adversario político?
.

Mi
filosofía moral ¡la mía!; coincidiendo con esta opinión, ve en la
virtud, una disposición estable de la voluntad para acomodarse a las
normas morales
.
La virtud no es innata; debe adquirirse con el ejercicio, o sea con
la reiteración de actos buenos; pero es una pena que nosotros no
seamos capaces de continuar esa buena senda, porque siempre hay
alguien que nos la cambia
.
Y a nosotros, no hay quien nos cambie
.

¿Somos dioses o somos diablos?
.


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