EL DERECHO DE LA CIUDADANÍA

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La lectura de una carta en la prensa me hacía reflexionar sobre
los derechos y los deberes que como ciudadanos tenemos. Reflexiones que seguro
que hemos podido llegar a tener todos. A veces lo hacemos en voz alta y otras
para nuestros adentros. Pero al final, siempre suele pasar, que algo tiene que
salir hacia afuera. Y es que no son los tiempos para callarse. Debería formar
parte de nuestro deber diario, ya que es un derecho que todos tenemos.

 

El ciudadano en cuestión, nos decía que esperaba que hubiéramos
aprendido la lección. Es algo que se ha repetido en muchas ocasiones. Una de
las experiencias que tenemos que tener muy en cuenta en todo lo que está
pasando, es la de no volver a cometer los mismos errores. Porque como se suele
decir, si no tenemos en cuenta la historia, ésta termina vengándose.

 

Cualquier ciudadano en éstos tiempos, puede llegar a pensar
-otra cosa es ponerlo en práctica cuando llega el momento- que nuestro derecho
y deber no acaba cuando depositamos el voto en una urna en cualquier proceso
electoral, ya sea político como de cualquier otro ámbito. Se trataría de no
solo pensarlo, sino de ponerlo en práctica de forma compartida.

 

Este puede que sea uno de los grandes déficit de la ciudadanía.
Llegar a pensar que ejercimos el derecho y que cumplimos con nuestro deber. No
podemos quejarnos, pues la cuestión no es quedarnos a observar y ver como se
suceden los acontecimientos sin levantar los brazos y mostrarlos a los demás.
Hay que indignarse y predicar con el ejemplo, si no queremos ser responsables
de lo que ocurre en la cosa pública.

 

Hoy se impone que la ciudadanía haga que se respete su derecho
todos los días. Pero esto no se va poder materializar si no consideramos que es
un derecho que no podemos delegar. La decisión es individual, al igual que
nuestro voto y es por ello, que tenemos que hacer que se tenga en cuenta.

 

Hemos llegado a delegar demasiadas cosas y hoy la ciudadanía se
encuentra frustrada desde un lado y el otro. Forma parte de esa delegación la
crisis global en la que ésta sociedad se ha instalado.

 

O recuperamos el valor y el vigor que tiene nuestra Democracia o
asistiremos a estar preguntándonos constantemente porqué pasó todo esto.

 

Carme Chacón nos recordaba hace unos días que es tanta la
desazón, la impotencia y la rabia que acumulan los ciudadanos, que no podemos
permanecer cruzados de brazos, porque lo que nos jugamos es sencillamente un
sistema… la democracia…que solo puede sobrevivir con la confianza de los
ciudadanos…

 

Es cierto que no existe la unanimidad y por ello no es fácil,
pero las últimas movilizaciones sociales de la Plataforma Ciudadana
contra los desahucios nos debe hacer ver que nuestras decisiones no deben
delegarse, porque como decían representantes de éste movimiento: Sí, se puede.

Se debe ejercer, es nuestro derecho y no debemos delegarlo.


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