LA CRISIS DEL MIEDO

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[Img #26051]Solo
una situación bélica puede producir más miedo, más temor al
presente y a lo que pueda acontecernos en el futuro próximo, que la
crisis en la que nos han zambullido y donde nos mantienen, con la
cabeza dentro del charco de agua emponzoñada.

Los
trabajadores por cuenta ajena, porque pierden masivamente sus
empleos, y hoy es el vecino, luego el familiar, ahora uno mismo al
que le toca, sin tener perspectivas de un reenganche en la “cadena
productiva”.

Los
funcionarios, porque ven mermados sus salarios, aumentada la jornada
laboral, amenazados de traslados (como los anteriores) y trastocada
la antigua seguridad y a veces su independencia de los poderes
fácticos.

Los
pequeños y medianos empresarios, porque sienten la ruina del de al
lado, el cierre del comercio, restaurante, bar, taller, almacén,
industria familiar, explotación agraria, que hasta hace poco parecía
que iba defendiéndose y saliendo hacia adelante.

Los
jóvenes que terminan su formación, porque no encuentran salida no
ya en su especialidad, sino en cualquier resquicio que le ofrezca al
menos un asidero, por muy en plan “basura” que este sea.

Los
jubilados, porque tras repetirles que no iban a ser tocadas las
pensiones y mermado su poder adquisitivo, ven que son promesas
incumplidas, al tiempo que oyen hablar de “quiebra del sistema”.

Las
familias, porque soportan cada día mayor carga impositiva en sus
bienes inmuebles, en la compra diaria, en la manguera de la gasolina.
Y porque tiemblan pensando en esa espada de Damocles que son los
bancos, amenazando sus ahorros, que sienten inseguros, o urgiendo a
pagar las hipotecas “amablemente” concedidas, con su arma del
desalojo respaldado por la legalidad a su medida.

Los
inmigrantes porque pierden la válvula de escape que daba oxígeno a
su vida, a los familiares que quedaron en origen.

En
tanto, las grandes empresas, los poderosos grupos bancarios, de
presión, siguen jugando con sus Bolsas, sus especulaciones. Y
continúan forrándose, como ha ocurrido siempre, pero más a lo
bestia todavía.

Como
en las guerras, sufren las masas indefensas, echadas a luchar: ahora
a buscar unos ingresos como sea, rebajando lo que fueron conquistas
de más de medio siglo de pelea laboral y sindical: un contrato por
horas, algún empleo-basura; seguir con el pequeño negocio
malviviendo, compitiendo con el gigante poderoso, a base de grandes
sacrificios; olvidar pequeños gastos suntuarios que aliviaban la
“lucha por la vida”.

¿Cuándo
dejarán de apretarnos el cuello con sus medidas hechas al dictado de
intereses mezquinos? Cuando, “cautivo y desarmado” el pueblo que
planteó conquistar un mundo humanizado, alcancen los grandes grupos
de presión económica sus últimos objetivos: hacer nuevamente su
“santa” voluntad.

http://moisescayetanorosado.blogspot.com/


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