RECTIFICAR POR OBLIGACIÓN

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Se
suele reconocer que rectificar es de sabios y como muchos ejemplos
que se podrían señalar, hay rectificaciones que se hacen porque
existe una obligación y otras porque se percibe una opinión en la
que la inmensa mayoría de la gente está de acuerdo y esa percepción
de la opinión lleva a resolver, rectificando la decisión tomada.

No
es lo mismo hacerlo de una manera que de otra. Eso también es
reconocido y en esto últimos tiempos es muy analizado y valorado en
determinados ámbitos sociales.

Por
eso, tienen razón los Alcaldes y ciudadanos de las poblaciones
afectadas por los cierres de las urgencias nocturnas, cuando dicen
que: no rectifican por los ciudadanos, sino porque se han visto
obligados. Rectifican porque se han visto obligados por razones de
justicia con la decisión de los Tribunales y totalmente relacionado
con ello, por la presión de la ciudadanía desde el primer momento.

Hace
unas semanas el Presidente Rajoy nos decía “he incumplido mis
promesas, pero he cumplido mi deber” a modo de justificación por
las decisiones tomadas. Porque en su discurso de investidura nos dijo
aquello de “prometo decir siempre la verdad aunque duela, sin
adorno y sin excusas. Ni el deber ni la promesa, pues los ciudadanos
comprueban cada viernes en Consejo de Ministros cómo se sigue
incumpliendo la palabra de decir siempre la verdad.

Tan
solo 15 meses después, la unanimidad es prácticamente total. Las
políticas llevadas a cabo priorizando el control del déficit, han
situado a la sociedad española en la mayor vulnerabilidad de la
etapa democrática, y el cerrazón a no querer cambiar las políticas
y anteponer los intereses sociales a los intereses económicos, nos
hará perder décadas que costaron muchos pactos y acuerdos.

Los
números son tozudos y no engañan. Ni las previsiones más
optimistas en cuanto a recuperación económica y de empleo, le están
cuadrando al Gobierno popular. Durante estos días se ha hecho
público el informe del Banco de España sobre las proyecciones de la
economía española para los años 2013 y 2014 y en las mismas, se
destaca un retroceso del PIB del 1,5% en éste año y un incremento
de la tasa de paro hasta superar el 27%.

Es
complicado en la coyuntura actual hacer previsiones porque desde que
empezó la crisis todas se han incumplido. Tanto las consideradas
oficiales como la de expertos económicos que sin justificar las
mismas, nos indicaban que la crisis estaba dando sus últimos
coletazos.

En
cualquiera de los casos, es mucho el tiempo que llevamos en la actual
situación y es por ello que está siendo cada vez más cuestionada
una salida a la crisis orientada exclusivamente al recorte del gasto
y al control del déficit, porque aparte de no estar generando
crecimiento económico, los recortes no están afectando a todos por
igual, teniendo un mayor impacto en las personas más vulnerables.

Hace
unos días se publicaba un estudio sobre la desigualdad y los
derechos sociales elaborado por Cáritas y entre otros datos,
destacaba que las rentas han caído a los niveles de hace diez años
y que la brecha abierta entre las rentas más altas y más bajas ha
aumentado un 30%; un 26,8% de la población vive en situación de
pobreza o exclusión social y que el porcentaje de hogares en los que
todos los activos están sin trabajo ha aumentado del 2,5% al 10,6%,
pasando de 380.000 hogares antes de la crisis a más de 1.800.000 a
finales de 2012.

La
realidad de las políticas llevadas a cabo y el análisis de los
datos de los indicadores sociales nos marcan un camino de resultados
negativos. Esta realidad y perspectivas nos siguen situando en una
mayor profundización de las desigualdades sociales y un mayor
empobrecimiento y debilidad económica.

Recordando
lo que decían los ciudadanos y Alcaldes de los pueblos afectados de
Castilla La Mancha “es una victoria de la salud y de la justicia,
un triunfo de la sensatez y de la gente del pueblo, que entendió
como suya la necesidad asumiendo la reivindicación fruto de un
compromiso colectivo”.

Y
si la respuesta a la nueva decisión, vino por obligación ¿es
necesaria la presión social en la calle para que se produzca una
rectificación a las políticas o sería mejor que las decisiones de
los políticos estuvieran en sintonía con la forma de pensar de los
ciudadanos?

Porque
no es lo mismo rectificar por convicción que por obligación.


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