SER SOCIALISTA HOY ES SER REPUBLICANO

Comparte en redes sociales

Recordar la II República proclamada el 14 de abril de 1931 es una razón más de orgullo para quienes concebimos la igualdad entre los hombres y mujeres, para quienes seguimos luchando para construir un mundo sin fronteras y para quienes entendemos la vida como un cúmulo de méritos individuales y colectivos alejados de cualquier concepción de deidad sanguínea tendente a la consecución o conservación de privilegios individuales o de casta.


Han sido décadas y décadas de difamaciócontra la República por parte de quienes escribieron la historia parcial de España a partir de 1939, toda aquella leyenda negra sobre la II República estaba destinada a que en el inconsciente colectivo de nuestras generaciones –transición incluida- quedara marcado a fuego, que aquellos años de violencia fratricida solo tenían un responsable: el republicanismo.


Le pusieron nombre y cuerpo al enemigo ficticio para enterrar, creían que definitivamente, elascenso de la mujer a la vida públicala educación universal, libre, laica  y gratuita,derechos laboralesreformas agrarias, igualdad, justicia social y un sinfín de avances reformistas que, evidentemente, también atentaba contra los poderes “naturales”, es decirMonarquía, capital e Iglesia.


Los cambios sociales y el progreso que traía la República incluía un viejo anhelo para muchos socialistas de hoy en día: una educación libre de religiosidad, libre de la influencia de una Iglesia conservadora que ha seguido  mostrando su resistencia a todos y cada uno de losderechos adquiridos en democracia: divorcio, matrimonio igualitario, aborto, ciencia, progreso, equidad. No hace falta recordar el papel jugado por la Jerarquía Eclesiástica en aquellos años de plomo porque sería redundar en la indignación, sentimiento tan coincidente en la actualidad.


Se opusieron a todo, absolutamente a todo aquello por lo que el socialismo de entonces luchó y hoy debe seguir luchando, puesto que ahora no nos valen más las ambigüedades, se es o no se es y nosotros somos.


Hoy la Corona pierde legitimidad día a día, no ya por los supuestos casos de corrupción que salpican a la Casa Real, sino por la sinrazón y el trasnochado concepto de ley de sangre, como imperativo categórico de mandato gubernamental. Es verdad que la historia se ha escrito lavando la cara de una Corona nacida en dictadura y maquillada, paulatinamente, en una transición democrática con errores y virtudes. Sin embargo, creemos que ha llegado el tiempo de lanzar el debate a la sociedad, de estar con nuestros jóvenes y nuestras generaciones futuras para definirnos a la vez como partido y como país.


Particularmente, estoy convencido que el Socialismo de hoy y de mañana, debe ser republicano y laico. Debemos definirnos como tal, escapar de las sombras y los temores al contraste de ideas y lanzarnos a la calle para construir un socialismo de todos y de todas,motor de la justicia social, de la igualdad y del progreso.


Aquellos valores fechados en 1931 generados gracias a la militancia y el compromiso hasta el golpe militar, nos han sobrevivido y, en prospectiva, aún son nuestro faro, porque a  pesar de todos los  avances, no hemos conseguido ni la mitad de lo propuesto, debido al ataque de la derecha modernizada hacia el estado social. Por ello repito: ser socialista hoy es ser republicano, en paz, con la ciudadanía.

Miguel Angel Morales es Secretario provincial del PSOE de Cáceres. 


Comparte en redes sociales

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable Digital Extremadura.
  • Finalidad Moderar los comentarios. Responder las consultas.
  • Legitimación Su consentimiento.
  • Destinatarios  Sered.
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.