LECCIÓN DE VIDA EN LA MUERTE (ÁNGEL)

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….Pero lo que menos podía imaginar era que mientras yo estaba celebrando del memorial de Jesús, alguien como Ángel estaba cogiendo su vida y la estaba arriesgando y entregando por una chica que veía en apuros, porque su piragüa se la estaba llevando el agua con una fuerza y un remolino inesperado…

Acaba
de morir Ángel, un padre joven de 44 años, militar de profesión.
Ha visto a una chica, con problemas entre ramajos, que estaba
haciendo piragüismo en el azud del Guadiana; se ha lanzado a
salvarla y ha perdido su vida por querer salvarla. Varios infartos
han acabado con él, la chica está en coma en UCI. Un gesto de vida
última¡ Yo iba a celebrar la Eucaristía a la residencia de la
Granadilla, allí están los ancianos. Oí sirenas y coches de
Policía que a gran velocidad me adelantaron antes de llegar a mi
destino, que está junto al Guadiana. He pensado en algún problema
de violencia, ni se me ocurría este hecho, aunque pensé que ya lo
vería en el periódico. Lo he comentado en la misa con ellos, donde
pedíamos por la paz. Pero lo que menos podía imaginar era que
mientras yo estaba celebrando del memorial de Jesús, alguien como
Ángel estaba cogiendo su vida y la estaba arriesgando y entregando
por una chica que veía en apuros, porque su piragüa se la estaba
llevando el agua con una fuerza y un remolino inesperado. Ahora que
llego a casa y lo leo, y me informo. Descubro una lección de vida en
su muerte, y una clave para este momento que nos rodea de personas
que se ahogan en una crisis inhumana y injusta, donde los remolinos
se llevan a tanta gente.

La
realidad conflictiva de pasión viviente y de sufrimiento social
reclama toma de postura por parte de cada ciudadano y de la sociedad
en su conjunto. El cristianismo tiene una filosofía válida para
humanismos concienciados; él presenta la necesidad de desarrollar la
dimensión sociocaritativa de nuestro ser humano. Son los caminos de
la misericordia los verdaderos caminos de la fe y el humanismo en
medio del mundo, de ahí nacen las clásicas obras de misericordia.
El momento actual de crisis tanto a nivel económico, como
humano, social, cultural y espiritual, nos llama a profundizar y
buscar una relectura de esas obras de misericordia que atiendan el
sufrimiento, la angustia y el dolor de los hombres de hoy que
llamamos estampas de pasión. Ahora bien, la compasión, la
misericordia no se identifica con los actos, sino que nace de una
actitud fundante, de la capacidad de sentir con los otros y desde
ellos. De alguna manera la misericordia llega hasta donde llega
nuestro dolor por los demás.


Hoy,
en medio de una cultura indolora que favorece la indiferencia,
estamos llamados a proponer una cultura afectada, un saber y un
sentir espiritual encarnado. Necesitamos romper el círculo de la
seguridad que nos aísla de la verdad y del sentimiento de nuestros
hermanos, llevándonos a un individualismo que obstaculiza el
desarrollo de la misericordia en nuestro corazón. Sabemos que l
a
salvación y la realización personal no llegan por la seguridad,
sino por el riesgo de la entrega, como dice la máxima evangélica:
El que quiera ganar su vida la
perderá y el que esté dispuesto a perderla la ganará
”.
Cuando el criterio es la seguridad, nos
buscamos a nosotros mismos y nos encerramos, poniendo límites a los
de fuera y, sin darnos cuenta, a nosotros mismos. Para el humanismo
cristiano la persona se realiza y se enriquece cuando se abre y
arriesga sin miedo para realizar los deseos y sueños más profundos
y comprometidos. La clave del riesgo está en darse: “
Cogió
el pan lo partió y se lo dio diciendo: tomad, comed, esto es mi
cuerpo que será entregado…

¿Y qué podemos hacer como ciudadanos – y como cristianos- para
vivir la compasión?


Hay
pasos sencillos y fundamentales que hoy se nos reclaman: aprender a
leer con profundidad y en comunidad la vida de cada día, los gozos
y sufrimientos propios y ajenos que se dan en el mundo, para
dejarnos afectar por ellos desde dentro. Trabajar el conocimiento
de las causas y las consecuencias de la crisis en la que estamos,
tanto a nivel individual como social y estructural, para estar
informados y poder entrar activamente con respuestas personales y
comunitarias. Acercarnos personal y comunitariamente a las personas
que están en situación de dolor y sufrimiento, sea por la causa que
sea, para establecer lazos de cercanía, vecindad y familiaridad con
ellos. Tomar decisiones de riesgo y compromiso en lo pequeño de cada
día para hacernos cargo de la realidad y aportar lo que somos y
tenemos en el ámbito de lo público. Se hace necesario, en orden a
cultivarnos en la misericordia activa y fecunda, el caminar en
comunidad, desde lo pequeño, en grupos de vida y de compromiso,
tanto a nivel religioso, como popular, asociativo, en redes, que nos
ayuden a caminar en esta dirección del discernimiento solidario y
transformador de nuestra sociedad y su cultura, es decir, el modo de
pensar, sentir y actuar. Juntos hemos de buscar y diseñar
estrategias, viables y posibles, que de un modo personal y
comunitario respondan a las estampas de pasión que nos rodean y que
están al alcance de nuestras manos. El sentido de la vida y la
esperanza, en medio de la crisis, se anuncia y se hace presente en
cada gesto de misericordia que muestra que otro mundo, el de la
compasión, es realmente posible.


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