LA CONSTANTE PRESENCIA DE LA EMIGRACIÓN

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Estos días estuve en Madroñera, presentando en su
Casa de la Cultura Emigración en
Extremadura 1961-2011
, exposición producida y coordinada por la Fundación
Cultura y Estudios de CCOO, para la que colaboré con los textos, cuadros
estadísticos, mapas y documentación de la época (pueden consultarse los paneles
en el documento 28 de
http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/p/paginaprueba.html).

La
bibliotecaria, Isabel Moza Barquilla, me hablaba previamente de cómo el pueblo
perdía cada año población, pues el índice de envejecimiento es muy alto y la
natalidad escasa. Es un denominador común de las localidades que sufrieron la
gran riada migratoria de los años sesenta y setenta del siglo pasado: se marchó
gente joven, en edad laboral y de tener hijos, quedando en ellas los que ya
iban pasando a la etapa de jubilación. Los pueblos del Sur (sur de España, de
Portugal, de toda la Cuenca Mediterránea) sufrieron ese fenómeno de pérdida de
capital humano, que los envejeció y no les redimió de su pobreza estructural.

Durante
la charla-coloquio que di sobre este fenómeno -que en Extremadura se llevó en
los años duros del proceso (1961-1975) al 40% de sus habitantes-, desde el
público asistente se comentaron experiencias muy interesantes. Quiero resaltar
dos, por lo que tienen de ilustrativas de lo que significó para los
protagonistas.

Contaba
una señora mayor que ella y su marido se marcharon a París a mediados de los
años sesenta, y que su primera colocación fue en el servicio doméstico; pasó
luego a lo que sabía hacer mejor: coser. Y en ello ganó dinero suficiente como
para conseguir unos ahorros tranquilizadores, que le garantizaron un regreso
digno. El esfuerzo -contaba- fue muy grande, el sacrificio intenso; las
condiciones de vida, duras; la barrera del idioma bastante traumática en los
primeros años; la integración, dificultosa. Aún así, solo decidieron el retorno
porque una enfermedad del marido quebró su vida laboral.

Otra
mujer, más joven, contaba la experiencia de su padre en Alemania, a donde
marchó solo, quedado en el pueblo mujer e hijos: tremenda experiencia de
soledad y desgarro familiar para unos y otros, que en ningún momento
consiguieron la reagrupación; escasas ganancias económicas, pese a los muchos
sacrificios personales, laborales; retorno sin cubrir las expectativas, las
esperanzas creadas, que chocaban con la dura realidad del país: Alemania
únicamente buscaba cubrir sus necesidades de mano de obra barata, sin atender a
las demandas humanas del que espera una acogida humanizada.

Ni qué
decir tiene que la inmensa mayoría de los asistentes al acto tenían parientes,
amigos, conocidos en los más diversos puntos de nuestra emigración extranjera e
interior.

¿Y
ahora? El pueblo, nuestros pueblos: con una escasa población joven que no tiene
esperanzas laborales en su tierra, pero que tampoco no las ve fuera, como en
aquellos años de la estampida migratoria sí se tuvieron. Y una situación de
desarrollo que no se ha sentido sostenida por el beneficio inmediato de aquella
emigración: el alivio del paro que supuso, la entrada de divisas por sus remesas
de dinero. Al contrario, se ha pasado de ser las zonas con población más joven
del Estado a las más envejecida, a la más necesitadas asistencialmente, a las
que tiene un futuro más difícil, dentro del difícil futuro para todos.


http://moisescayetanorosado.blogspot.com.es/


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