Talavante abre la Puerta Grande de las Ventas por cuarta vez

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Alejandro Talavante, que retornaba tras su actuación en solitario del pasado sábado 18 de mayo en Las Ventas, donde se hundió con una victorinada descastada, resultó el triunfador de una de las corridas con mayor expectación del abono isidril, en la que no cabía un alfiler. El pacense cortó dos orejas a su primer toro, saliendo en hombros en la monumental madrileña por cuarta vez en su carrera. Sebastián Castella y José María Manzanares consiguieron un trofeo cada uno.

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Talavante desorejó a Artillero, un ejemplar de Victoriano del Río aceptablemente presentado, que manseó de lo lindo. Husmeó durante varios minutos en su salida y rehuyó la pelea en varas, tercio en el que descabalgó al picador de un par de testarazos. La faena fue breve, pero intensa y caló muy fuerte en los espectadores. En las afueras, preludio con telonazos. Prosiguió de manera entonada con la zurda y tras otra tanda con la diestra puso al público en pie con un cambio de mano. Tras cuajar una serie y salir andando tras el desplante, le perdió la cara al toro, que lo empaló por la entrepierna. Tras el susto, el extremeño logró los mejores muletazos, de mano baja, con la derecha. Con la izquierda, quietud para otra serie rotunda con la izquierda. Apostó fuerte con un puñado de bernadinas y se gustó en remates de categoría, aprovechando las querencias del encastado manso, al que mató de un espadazo en la suerte contraria. Petición unánime y concesión de dos trofeos. El sexto, a diez kilos de los 600, toro hondo y con cierta guasa, propinó un batacazo de órdago al piquero Miguel Ángel Muñoz e hirió en la ingle izquierda a Valentín Luján, al prenderle a la salida de un par de banderillas. Talavante no llegó a apostar decididamente ante el ejemplar más complicado de la corrida.

Castella sólo contó con un cartucho. El que abrió plaza, un ejemplar serio y que apuntó buenas condiciones, se partió la mano izquierda al salir del último par de banderillas y lo tuvo que finiquitar sin torear. Con el cuarto, un astado cornidelantero y altote, sin entrega en los primeros tercios, pero que embistió bien en la muleta, Castella realizó una faena sólida y templada. Comenzó con su habitual planteamiento, en los medios, para muletazos por la espalda intercalados con derechazos, una trincherilla, uno del desprecio, un pase de pecho. Un rosario de ovaciones acompañó a dos series por ambos pitones, en los que los muletazos fueron suaves. Cerró con un circular invertido. Entró a matar a ley para una estocada casi entera. Precisó de un descabello y cobró una oreja.

José María Manzanares, que lanceó a su lote ganando terreno y con buenas verónicas, consiguió un trofeo por una faena en la que prevaleció el buen gusto. El segundo toro, aceptablemente presentado, bizco del derecho, fue protestado de salida por algunos. Sin entrega en los primeros tercios, embistió bien en el último tercio. Manzanares concretó una faena estética, que fue creciendo en intensidad y que comenzó con sendas tandas desceñidas, con protestas por parte del 7. Luego, el alicantino se ajustó y con la diestra afloraron muletazos largos, de calidad y gusto. Una labor que coronó de manera soberbia, con una estocada casi entera, en la suerte de recibir. Fue premiado con una oreja merecida, aunque algunos protestaron el premio. El quinto, ¡600 kilos!, aunque bien conformado, no llegó a entregarse y Manzanares no llegó a encontrarse a gusto.

Al fin, un festejo con expectación que no decepcionó, en el que Talavante abrió la puerta grande, por la que salía zarandeado, entre tanto su banderillero Valentín Luján era operado en la enfermería de Las Ventas. Gloria y sangre: el toreo.


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