GRANADILLA, SIN “EL CAPI”

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[Img #27819]Días antes de que el Gobierno se
acordara, por fin, de Granadilla, al
convocar
las ayudas
para la recuperación de pueblos abandonados durante el periodo
lectivo de 2013, nos enteramos de la muerte de Guillermo González Rivero
“El Capi” (Granadilla, 1934; Badajoz, 2013), el primer inmigrante
salido de la villa perdida, no por la expropiación, sino por necesidad. Nos
preguntábamos, entonces, qué sería de Granadilla sin él; quién le enseñaría su
historia, en el cementerio nuevo, a los estudiantes que vinieren en el futuro
para un Programa entonces en entredicho por su tardanza.

 

            “El Capi” falleció el
miércoles 27 de febrero último en el Hospital “Infanta Cristina”, de
Badajoz, a las 9.30 de la mañana, con 78 años de edad, víctima de una
insuficiencia pulmonar derivada del cáncer de laringe que padecía desde 1982 a
consecuencia de sus trabajos en las minas de Avilés, Velilla del Río Carrión,
Mieres y Langreo. Dos meses antes estuvo hospitalizado; volvió a él después y,
tras cinco días interno, falleció. A la espera, en el cementerio nuevo de
Granadilla, se encontraba la tumba que él mismo se hubiere construido para ser
inhumado por su colega, el enterrador de Zarza de Granadilla, Manuel Fontánez
Oveja, a quien hubiere satisfecho los gastos de su enterramiento; pero no quiso
el destino que fuere él quien le diese sepultura a su amigo, al encontrarse de
baja por enfermedad. Tuvo que ser su cuidador, Santiago Sánchez, quien lo
hiciese por aquel. Nos lo confirma el alcalde de Zarza, Germán García Benito, que
ahora ordenará pintar las paredes del cementerio y su cierre, poniendo un aviso
para que se dirijan al ayuntamiento por si alguien necesitare algo; pero, quién
lo cuidará ahora, como él lo hiciere antes; quién repicará las campanas
llamando a la misa de la patrona el 15 de agosto, y el 1 de noviembre, para la
misa de difuntos…; quién enseñará a los chicos, sentados en las sillas que él
comprare, en el mismo cementerio, la historia de la villa expropiada y
abandonada; quién reparará los baches del camino de acceso…, como “El
Pocito” árabe y el propio cementerio, que tardó dos años en adecentar…
“El Capi” se había ocupado de dar sepultura en el nuevo cementerio a
ocho hijos de la localidad que desearen descansar en su tierra para siempre.

 

            No volverá a ser Granadilla la de
antes sin “El Capi”: faltará su figura digna, que la vida le
arrebatare allí mismo, pero que recuperare en otras tierras y dignificare con
su trabajo por ella. Por San Ramón, los niños de Zarza le echarán de menos
porque no tendrán los premios de los concursos que pagare de su bolsillo.
Pronto volverán los chicos, Guillermo, y alguien les enseñará tu tumba y les
dirá que tú mismo te la construiste en vida; pero quién les enseñará la
historia como tú se la enseñabas, desnuda y sin tapujos.

 

            Te vimos por última vez el 1 de
noviembre, antes y después de la misa de difuntos. Ya te habían salido en tu
garganta los nódulos que hacían presagiar tu muerte. Ya habías aguantado y
llenado tu vida bastante desde que te dieren la incapacidad absoluta en 1982.
Has honrado a tu pueblo, Guillermo, como pocos. Por eso merecieres más que
nadie el premio de la Asociación de Turismo de Tierras de Granadilla
(ATURTRIGA): porque no solamente de ocupaste de arreglar el pueblo, de tocar
las campanas, de arreglar “El Pocito” y el cementerio nuevo; de
colocar cruces de hierro y flores, de arreglar los baches del camino vecinal,
por el que un día enfilaron con su coche Antonio Banderas, Loles León y
Victoria Abril, entonando el “Resistiré”, del Dúo Dinámico, en la
película “Átame” (1990), de Pedro Almodóvar; sino porque difundiste
la historia de la villa perdida, a la que tú también volviste, como Ricki
(Antonio Banderas), huérfano desde los tres años en la ficción cinematográfica,
como tú desde los siete en la vida real. Se lo recordaré a Teo Magdaleno, al
alcalde Germán García, a Carmen Luque, a María Talaván…, porque merecieres el
monumento que tu tierra te negare…

 

             Iremos a verte a tu tumba, Capi, y
recordaremos toda tu vida de hazañas: de niño huérfano, al que enseñare a leer
y escribir su hermana mayor; tus tiempos de niño de rabadán de ovejas y
porquero; tus robos en los campos para poder comer; el cocido que te diere la
abuela Narcisa Carrero para que crecieras en el café-bar “Angelito”;
tus inicios laborales, con 17 años, en las minas de Avilés; tus nueve hijos con
Lucía, de la que te separaste en 1990; tu estancia en las minas de carbón de
Velilla del Río Carrión, donde también emigrare gente del pueblo; tu retorno a
Asturias, a Mieres, Gijón y Langreo… Veintinueve años y siete meses de
trabajo, donde lo hubieres, lejos de tu tierra, a la que regresaste en el 2000,
para reconstruir lo que el tiempo había borrado: los badajos robados de las
campanas de la iglesia; la reconstrucción de “El Pocito”; el
adecentamiento y limpieza del cementerio nuevo; las 102 cruces que adquiriste
de tu bolsillo para colocarlas en las cabeceras de las tumbas, además de floreros,
canalones y tejas; los kilos de cementos gastados; tus ocho enterramientos de
hijos del pueblo; tu inquietud por la seguridad de los niños, lo que te hizo
visitar al subdelegado del Gobierno, Fernando Solís, el 19 de mayo de 2010…
Podríamos seguir; pero has puesto punto final a tu historia. Guillermo, que yo
he escrito y divulgaré. No lo dudes, paisano y amigo, que tuvieres a la abuela
por tu segunda madre… En Granadilla nos reencontraremos.


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