AQUELLOS TERRIBLES AÑOS DEL EXILIO

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Alguno podría pensar que algo raro está
pasando en Extremadura, cuando nuestra tasa de defunciones supera la nacional. En
realidad, lo que está ocurriendo, en la actualidad, es en parte causa y
  consecuencia de aquella terrible política de
Franco, que despobló gran parte de España, para hacer ricas a dos regiones, que
acabaron mirando por encima del hombro al resto de los españoles, Cataluña y
País Vasco.

 

 -Haga usted como yo, no se meta en política.

 

 Dice la leyenda,  que era una frase con la zanjaba, el Dictador,
las discusiones en el Consejo de Ministros. Aunque algunos afirman que fue un
consejo que le dio a
 Sabino Alonso Fueyo, director del 
periódico
Arriba, ante su queja por  las presiones, que recibía de los diversos
sectores que formaban el Movimiento Nacional. 
Fuera lo que fuere,  él, lo hizo
así, para contentar  y no tener problemas
con los catalanes y vascos, y hasta quizás, pensando que una avalancha de
españoles, de otras partes, diluiría el nacionalismo, pero el resultado final
fue que toda la economía española acabó pivotando sobre estas regiones. El
resultado fue terrible y produjo un exilio y un movimiento demográfico, como
nunca en toda la Historia de España se había producido.  En Extremadura la sangría demográfica fue
demoledora. Aún recuerdo mi extrañeza, de la que todavía no me he repuesto,
pero que era una escena superponible a otras poblaciones, cuando recién llegado
por los años setenta, vi salir de Zalamea seis autobuses, de una sola vez, a
finales de agosto, con destino al País Vasco.

 

 Los extremeños que antes de 1960, abandonaban
Extremadura, con una media que no llegaba a los 6.000, que se vio incrementada  a 40.000 anuales. En cinco años, se marcharon
cerca del 18% de sus habitantes, precisamente los más jóvenes, o de mediana edad.
Los menores de 14 años, fueron un 29,7%,  entre 15 y 44, un 53,3% y el 17% restante correspondía
a mayores de 45 años.  Esto provocó una
disminución drástica de la natalidad y un envejecimiento de la población. No es
de extrañar, que el índice de mortalidad se haya incrementado, en la
actualidad,  porque se ha producido una
bolsa acumulativa de anciano/as, constituida; por aquellos que se quedaron, mas
otro contingente, el que forman los que tras su jubilación, optan por volver a
sus lugares de origen. En Extremadura entre emigrantes y retornados fueron
entre 2001 a 2005 ( datos del Altas) 55.223, por lo que no es raro encontrarse,
no solamente de Extremadura, sino en otras zonas centrales, en Aragón y Castilla,
auténticos pueblos fantasma, en invierno, que son habitados  en las épocas de primavera verano y otoño, por
los jubilados, que gozan de una mejor calidad de vida que en las grandes
ciudades, pero que  se vuelven para
pasar  la estación fría con los hijos, a
Cataluña, País Vasco, o Valencia, en donde las temperaturas son más llevaderas.

 

No me preocupan pues las
tasas de mortalidad, creo recordar que cuando estudié Geografía e Historia, de
eso ya hace unos cuantos años,  me
extrañó que algunas  de las tasas de
mortalidad más altas, las tenían algunos países europeos más avanzados, y esto
era debido a la bolsa de personas ancianas que se había acumulado, precisamente
por la calidad de vida de estas naciones.

 

 Puede, que aquí, también haya influido la
crisis, ya que algunas familias han sacado, de las Residencias de ancianos, a
sus familiares, para poder utilizar sus pensiones, y la supervivencia, no es la
misma que en un lugar en el que tienen a su disposición, auxiliares que lo/as
atienden, comida equilibrada, y personal sanitario que se ocupa de su estado de
salud todo el día. Más me preocupa la salida de miles de personas, que sólo en
las fechas cuyos datos poseo (2001-2005) fueron 64.650, y que sin duda se ha
incrementado en los últimos tiempos. No me hacen falta estadísticas para
corroborarlo, me basta mirar a mi alrededor y ver que todos mis vecinos, yo
incluido, tenemos, uno, dos o tres hijos, (que a veces son todos) trabajando en
Madrid, Galicia, Salamanca, Sevilla, o Alemania, por citar sólo los de mi
entorno, sin que ninguno de ellos tenga, al completo, la totalidad de sus hijos
en su lugar de nacimiento.

 

Negar la evolución positiva
de Extremadura en estos últimos años, sobre todo a partir de convertirse en
CCAA, sería negar evidencias. Los que nos hemos recorrido gran parte de
Extremadura, desde los años setenta, tenemos anécdotas tan surrealistas, de
cómo estaban en aquella época las infraestructuras, que piensan a quienes se
las cuentas, que estás fantaseando, pero que por desgracia, eran reales. Quizás
una de las más curiosas, era, como sucedía habitualmente, incluso en
poblaciones de una cierta importancia, que en los lugares de alojamiento no
tenían agua corriente en las habitaciones, con lo que te lavabas con  jofaina y palancana y debías salir a hacer
tus necesidades a un pozo ciego que había en el corral. En uno de estos
alojamientos, ahora convertido en un pomposo hotel,  junto al pozo ciego, carente de puerta, había
unas largas cañas con las que espantabas, cuando estabas “ocupado”, a las
gallinas. Nunca lo comprobé, pero según algunos huéspedes había algunas que decían
que ponían los huevos morados. En los supermercados los he visto blancos y
marrones, pero nunca morados, es posible que se haya extinguido aquella raza,
quizás porque con la modernidad, nos hemos cargado el “ecosistema” en el que
vivían “del pozo ciego”. 


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