LA CABAÑA

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 Ha
sido un fin de semana entre pliegues de calor y calma. Y desde la sombra no
estática se movió la actividad que requieren los códigos personales para
acrecentar el estado de bienestar, haciéndolo rimar con el perfil de nosotros,
sin más exigencias que las necesarias para causar placer. Tuvimos en mente y
trabajo el adecentamiento como cabaña de una especie de cajón de madera que
llevaba tiempo desordenando el jardín y que los niños reclamaban para su
hábitat.

 

            Todos
los minutos, todos los pensamientos, todas las fuerzas y ganas, se dedicaron a
este sencillo menester de preparar una cabaña para los niños. Cuando volvíamos,
atardeciendo, desde los medianos roquedos que circundan el ámbito de nuestro
mundo, nos entretuvimos a difuminar los grados de felicidad que cada cual logró
en la tarea de la cabaña. Hablábamos con un sonrisa compartida,  nos deleitamos repasando el recuerdo de las
puntillas, de las tablas intercaladas, del techo nuevo imitando tejas rojas y
del posible color que habremos de darle a nuestra obra. Nos transmitimos, en el
corto trayecto, todos los beneficios que nos había dejado en el alma este
insignificante entretenimiento de un fin de semana de octubre, en pleno otoño,
en un lugar querido.

 

            Mientras
se nos hizo visible el regreso nos confirmamos que se nos había presentado, de
pronto, -en una cabaña para los niños-, un reguero grueso de felicidad que
entraba en nuestra plenitud con un aire romántico de frescura y una dotación
ejemplarizante de eficacia. Incluso cumplimos una utopía, derribar el imposible
techo para esperar que los niños pudieran disfrutar la cabaña aunque siguieran
creciendo.

 

            No
estuvimos en París ni visitando el mejor museo del mundo ni recorriendo El
Cañón del Colorado en helicóptero, solo que nos entretuvimos en prepararles una
cabaña a los niños sin otra pretensión que hacerles felices y resultó que nos
hicimos felices nosotros mismos con esta cosa tan poco singular. Desde hoy
sabemos más sobre los gozos que producen las cosas pequeñas.


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