¡ QUE PAREN EL MUNDO, QUIERO BAJARME ¡

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Desde mi más tierna infancia mis padres y mis
educadores me inculcaron ciertos valores , conceptos y referencias que hoy en
día parecen ser que ya nos son válidos o están en periodo de caducidad.

 

El valor de la amistad, del respeto, de la
sensibilidad hacia el enfermo, de la fidelidad a la pareja,  y … del 
Valor de la Justicia ,todos ellos ,suenan ya a rancio, a caducos
,todos estos  valores y otros más están
trasnochados, parece ser.

 

 Estamos asistiendo de una forma impasible a
un  cambio profundo sobre nuestra
sociedad. Somos más débiles, más vulnerables, desde el punto de vista moral,
desde el punto de vista de nuestras convicciones, nuestros principios y
nuestras referencias.

 

Hemos sacado tantas cosas de nuestra vida que
hemos perdido las cosas realmente importantes, quedándonos con lo mediocre y
egoísta.

 

Si a esta falta de valores que estamos
sufriendo un día tras otro le añadimos 
el espectáculo tan abominable que estamos presenciando con la sentencia
del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo sobre la doctrina “Parot” , YA
es para decir, “ ¡ Que pare el mundo, quiero bajarme ¡. Yo, al menos .( Mafalda
siempre oportuna).

 

Un 
escándalo  de esta magnitud, pues
sin duda lo es el que salgan a la calle terroristas sin cumplir apenas un año
por asesinato, no podemos consentirlo. No me vale que se diga que no debemos
confundir el Derecho con la moral ni con la política, como escuché anoche a
algún comentarista televisivo , ¡por favor ¡. Son muchas las victimas, muchas
las familias que ven como se deja impune estos asesinatos. Y todo por lo mismo,
por no hacer bien las cosas, por importarles un bledo a la clase política,
porque  el modus operandi es siempre el
mismo:
actuar al margen de las normas para no pagar el coste
político y, cuando el escándalo estalla, como suele ser inevitable, mirar para
otro lado y que el que venga detrás que 
asuma la responsabilidad de arreglar decorosamente el desaguisado. Pero
en este caso, no hay nada que arreglar, porque las victimas no podrán recuperar
la vida que se les arrebató.

 

El caso Faisán, el caso Bárcenas y otros
muchos, todos ellos tienen siempre el mismo común denominador: la total
negativa a asumir la responsabilidad política. Es decir, si no hay condena
penal a un político, no hay responsabilidad de ningún tipo. Y de aquellos
barros vienen estos lodos. Leyes mal legisladas, acuerdos secretos,
chivatazos…

 

Por muy cuestionable que pudiera ser, el
Tribunal de Estrasburgo es un tribunal meramente declarativo, no vinculante, y
parece que el Gobierno ni se cuestiona el acatamiento por fundamentos de
seguridad nacional y que podría plantearse.

 

¡ Qué triste ¡. Triste por tener asesinos en
la calle que ni siquiera hacen el gesto 
de arrepentirse de la barbaridad que han hecho. Y triste por nuestra
patología política que  viene recibiendo
fuertes “golpes de realidad” de nuestro entorno occidental.

 

 El
resultado es una sociedad indefensa ante grupos capaces de establecer sus
propios valores.

 

Apartemos a los vendedores de humo y sus
palabras bonitas pero vacías y pasemos a la acción a través del sentido.

 


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