EDITORIAL DICIEMBRE

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De nuevo llegamos con retraso. Debe de ser este frío sin ton ni son, de un otoño descafeinado, que nos ha vuelto algo tarumbas. Lo que prometía una temporada feliz, se ha vuelto una decepción mayúscula. Habrá quien se lo esté pasando de miedo con la caza menor, pero por lo general no se oyen más que las lamentaciones de Jeremías

Hubo su diatriba con una propuesta de adelantar el
cierre, y menos mal que la autoridad competente dejó en manos de los titulares
de cotos y sociedades la iniciativa sobre las medidas que habrían de tomar. De
liebres y conejos, estamos listos. Si se creen que el conejo se recupera con
repoblaciones, van apañados. En cuanto a la perdiz, por desgracia, imperan las
sueltas; pero es que no hay otra cosa. ¿Medidas? Eso ya es cosa de leyes,
normas y reglamentos. Mientras los predadores campen por sus respetos y haya
semejante sobreexplotación doméstica…seguiremos cuesta abajo. A ver quién le
pone ese cascabel al gato. Y por si poco, ni una gota en noviembre y estamos ya
a mediados de diciembre. Encima, el clima en contra. A perro flaco, pulgas. 


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