A JUAN GELMAN

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Si pienso en ti

se me llenan las lágrimas de ojos,

los mismos que tú sostenías pertinazmente

tan animosos frente al indeseable

precipicio de la pena.

 

Dijiste que las heridas no las cerraba

simplemente el titubeante paso del tiempo,

que sólo restañaban tal oprobio

 la justicia y
la verdad, con sus precisos puntos

de sutura.

Que se empezaba a educar con el ejemplo,

frecuentando por puro placer

ese templo apolillado que algunos

llaman cultura.

 

Qué es el hombre más que una pregunta retórica?

Pues la vida lo explica fácilmente:

El saldo de restar a los días desgraciados

los felices y si tal operación nos diera uno,

ahí queda un hombre que gozó por una vez

de la corriente.

 

Como el salmón,

empecinado por instinto en un remonte

que le lleve de nuevo a las andadas,

que se deja las escamas sin dudar

una a una decantanda en cada piedra,

para morir y nacer el mismo instante

en que el mundo empieza

un nuevo derrotero, pero ahora

en la piel de su progenie.

  “elburdeldelaspalabras.com,”


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