EL ARTE ENCONTRADO, DE ANA HERNÁNDEZ DEL AMO, por Carmelo Arribas

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El día 6 se inauguraba en el Patio de la Asamblea de Extremadura, la exposición de Ana Hernández del Amo, que perdurará hasta finales de mes.

[Img #33851]La
Asamblea ha optado en esta ocasión por la juventud, aunque posee un amplio
curriculum, de una artista como Ana Hernández, que además aporta una forma, no
muy habitual, de abordar la obra artística.

 

Llevados
por esta manía, que tenemos todos, de querer enmarcar en unos esquemas una cosa
tan difícil, como es meter en unos parámetros ya preconcebidos, algo que carece
de fronteras ideológicas, como es el arte, podría incluir la obra de Ana H. del
Amo en lo que se ha dado en llamar “arte encontrado”. No es algo que podríamos
decir totalmente novedoso, artistas conocidos,  algunos tan cercanos  a nosotros como  el desaparecido Wolf  Vostell, 
nos proponían la elevación a objeto artístico, objetos cotidianos, con
la simple manipulación conceptual del artista. Y es que la vida está llena de
elementos, que mirados con un sentido estético 
trascienden,  a  artísticos.

 

Varias
son las formas  con las que el
artista   convierte en arte lo vulgar o desechado, entre
ellas,  mediante su modificación, o
interpretación. En este caso, Ana Hernández del Amo ha realizado ambos,  en la obra que muestra a nuestros ojos.

 

No
soy yo muy partidario de los nombres en inglés que suelen utilizar nuestros
artistas para denominar a sus creaciones, quizás esto, pese a su aparente
modernidad, tenga su concepción básica en la idea atávica que ya movía a los escritores,
en el Renacimiento, a expresar sus ideas en latín, porque constituía el idioma
universal, y porque las palabras mostraban, en su concreción,  un sentido más amplio que necesitaría muchas
más palabras para expresar el mismo concepto en la lengua popular. Blue Note,
es el nombre con el que  ha bautizado la
exposición,  “nota azul”, que nos
llevaría al mundo del  jazz, en el que la
nota azul que es la nota que se utiliza para aportar la expresividad al  blues, con lo que enlazaríamos en cierta manera
conceptualmente con el movimiento “Fluxus”, por 
su sentido amplio de elaboración de objetos  “encontrados” y  la inclusión de la música en el sentido
estético de la obra.

 

Unas
veinticinco obras forman la exposición, entre esculturas, metacrilatos y obra
pictórica. En ninguna  de ellas se aporta
título, porque esto encasillaría el “descubrimiento” conceptual,  para convertirlo en una idea que ha sido elaborada
por la artista a partir de un concepto preconcebido.

 

Las
pinturas al óleo, a pesar de su aspecto geométrico en las que en otros
artistas, habitualmente,  las líneas
conservan una rigidez y limpieza  que las
convierte en un elemento casi industrial, Ana pinta con la frescura del
artesano,  produciendo una tensión, entre
las diversas  figuras superpuestas,  apreciada por el espectador.

 

Las
diversas manipulaciones de la madera,  en
cuñas. Crean un contraste conceptual llamativo, además del estético, en el que
el color rompe la monotonía cromática de la madera, por un parte,  la cuña es el elemento que para, frena,
retiene, y por otra la acumulación y colocación de estas en un sentido dinámico
en las que parece haber frenado el movimiento, como si nos trajera a la mente
aquel cuadro de Marcel Duchamp, “mujer bajando la escalera”, en la que se
produce  la paradoja, de la inmovilidad
de la figura plasmada en el lienzo y el movimiento que quiere reflejar.

 

Y
en cierta manera esta idea resumiría  la
Muestra que podremos ver en la Asamblea, una exposición compleja y simple,  en la que incluso los metacrilatos de colores
engarzados en trozos de madera, parecen indicarnos que la realidad es sólo del
color a través del que nuestros ojos o nuestra mente lo perciben.


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