LA VIDA NO ES UN CUENTO DE AMOR

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 A los niños pequeños les contamos
mentiras para que vivan con ilusión, al llegar
la Navidad les hablamos de
Papá Noel o de los Reyes Magos, ellos lo creen y nosotros nos ponemos contentos
porque pensamos que eso les hace felices….y puede que así sea.

 

         A las niñas les contamos cuentos, el
de Cenicienta que es salvada por un príncipe de las garras de la malvada
madrastra y es feliz por toda la eternidad. Blancanieves y las princesas de
Disney que fomentan y crean ilusiones y hacen crecer a millones de niñas con el
deseo de que algún día aparezca su príncipe y las haga unas reinas maravillosas
y amadas por toda la eternidad.

 

          Crecemos….nos hacemos adolescentes y
jóvenes…ya dejamos atrás los cuentos pero esa ilusión con la que hemos crecido
no ha muerto de nuestro ser más recóndito.

Vamos
al cine…Pretty Woman…es el cuento de Cenicienta pero para mayores…siempre,
siempre hay una bella dama que necesita que un apuesto príncipe la rescate de
su cotidiana e insulsa vida y la transporte a una nube de felicidad
inconmensurable.

 

Y…cuando
encontramos a nuestra pareja…esperamos lo mismo pero nos damos de bruces con la
dura realidad: los príncipes azules no existen, ni azules, ni grises ni
verdes…simplemente no los hay. Son hombres de carne y hueso con sus defectos y
con sus virtudes y desgraciadamente más pronto que tarde descubrimos que
nosotras no somos una Cenicienta que se transforma en una bella princesita  ni tampoco una Julia Roberts que pasa de ser
una prostituta a una mujer muy rica y llena de amor.

 

Somos
simples mujeres cuyas historias de amor que empezamos con entusiasmo e
idealismo algunas veces terminan en un juzgado porque nuestro “amor” ha dejado
de querernos y se ha ido con otra mujer…por ejemplo.

 

¿Existe
pues el amor romántico?, ¿el romanticismo?..o mejor dicho…¿nos conviene creer
en esas cosas?.

Si
creemos en ello nos hacemos expectativas de una relación, esperamos un
determinado comportamiento del hombre al que creemos o por qué no..amamos. Y si
esas expectativas no se cumplen no frustramos porque no tenemos ni vemos
cumplido nuestro sueño.

Llegando
a una conclusión si es que este tema se puede concluir, es mucho mejor no
esperar nada de ningún ser humano ni de ningún hombre porque eso a la larga
crea frustración. Lo que nosotros esperamos de los demás es como nos
comportaríamos nosotros pero los demás no somos nosotros, son ellos mismos con
su forma de actuar y comportarse diferentes a la nuestra.

 

Mientras
crecemos y los desengaños llegan a formar parte de nuestra vida y nos vamos
haciendo fuertes a base de palos en la espalda…¿qué haremos?, ¿privaremos a las
niñas de esos sueños infantiles?…no, no lo haremos…después de todo mientras
dura son y somos felices.


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