EL VALOR DE ABRIR LOS OJOS, por Mila Carrero

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Mis
abuelas, especialmente la materna -que gran mujer-, mi madre -cuanto la echo de
menos-, mis hermanas, por continuar el orden cronol
ógico de la
cita, mis adoradas hijas, la mujer, la hija, la hermana, la madre de alguno de
mis hombres… han determinado inexorablemente mi vida. Sus vidas est
án llenas
de historias, y el tiempo de cada una de ellas aprovechado hasta la saciedad;
Son
best-seller de
historias sin escribir y que jam
ás serán escritas porque la historia se
escribe en masculino


El ser
humano es
el hombre y la
insignificancia de la mujer queda plasmada en cada respiraci
ón del
tiempo, en cada linea  de los fondos
bibliogr
áficos
existentes, y en cada norma gramatical. Cuando esta mujer que ahora os escribe
se dirige a su alumnado, j
óvenes
todos ellos menores de edad y aun inmaduros, en 
primera persona del plural , ha de hacerlo en masculino siempre que
haya un ni
ño
presente, aunque sea s
ólo
uno, y aunque la profesora sea mujer, y aunque la mayor
ía sean niñas.


Muy cerca
de
nosotr@s le están practicando en este momento la amputación del clítoris a una
niña, pero da igual, como da igual
que se la venda al kilo en los mercados, o que se la esterilice sin su
permiso, se la viole como botín de guerra,
o se la mantenga privada de libertad o sometida a la tutela masculina toda su
vida. Da igual porque sólo son
mujeres, como da igual  aquí y ahora  que se la pretenda considerar legalmente sin
capacidad jur
ídica sobre su propio cuerpo, penalizando
el aborto por imposición
-o so pretexto- de una religión
machista, clasista, y reaccionaria, como no puede ser de otra manera, y la
historia viene demostrando.


A partir
de esta mentalidad pod
éis
contemplar los niveles de paro, de pobreza, de opresi
ón, o  los de riqueza, la renta per capita, la
relaci
ón entre
mujeres y hombres que desempe
ñan
puestos de responsabilidad y cargos cruciales en la toma de decisiones, etc…
que siempre encontrar
éis
lo mismo: una situaci
ón
de dependencia, corroborada en muchos pa
íses por las leyes, y en todos por las
costumbres populares, la mentalidad, y las estructuras de poder.


Y sin
poder regalaros una dulce despida para esta fecha del 8 de marzo, y sin querer
hacer menci
ón de los
devastadores efecto que cada crisis causa en la situaci
ón de las
mujeres, all
á donde se
encuentren, s
ólo os
deseo que teng
áis
el valor de abrir los ojos, porque el que no se atreve a comprender no puede
hacer nada para cambiar el futuro de la historia
.


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