LAS HUELLAS IMBORRABLES, por Emilia Guijarro

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Hoy que es el Día Internacional de la Mujer, me acabo de encontrar con un libro que se
llama “Angeles Rotos”, en el que una madre que acaba de perder a su hijo con treinta
años, escribe para narrar su experiencia. No quiere expresar sus sentimientos con
lágrimas, no quiere llorar, pero tampoco quiere que se le olvide ni un solo instante de las
horas vividas con ese “angel roto” que es su hijo afectado por una grave discapacidad
desde el mismo momento de su nacimiento.

Poco a poco va relatando experiencias, situaciones vividas, sentimientos, frustraciones,
desencantos, miedos, y sobre todo impotencia ante tanta insensibilidad por parte de
muchos que deberían estar preparados para entender estas situaciones. Poco a poco
esta mujer va desgranando sus experiencias con la burocracia,en busca de cada una de
las convocatorias de ayudas, que muchas terminaban con la decepción de la denegación
por la falta de algún absurdo requisito, y otras muchas tristes experiencias
Y he empezado a pensar en que hay que reivindicar la figura de estas mujeres, de estas
madres que no han podido, o querido, romper el cordón umbilical que las une a su hijo
especial.

Porque en este día, reivindicamos muchas cosas, porque la igualdad real no está
conseguida, no tenemos más que ver las imágenes del Foro Económico Mundial
celebrado de Bilbao, y la imagen que nos devuelve es la de tres mujeres en medio de
decenas de corbatas, pero eso no es nuevo, y no terminamos de dar pasos adelante.
Por eso hoy quiero quedarme en este plano más doméstico, por cercano menos conocido,
que es toda esa tropa de mujeres cuidadoras, que aunque trabajen fuera de casa, llevan
con ellas permanentemente la responsabilidad de cuidar a sus hijos y a sus padres.
La ley de la Dependencia se ocupaba de que aquellas que no habían trabajado fuera del
hogar pudieran tener aseguradas unas cotizaciones sociales, pero los recortes de un
gobierno insensible acabaron con esta posibilidad. Un gobierno, que como está
demostrando tenazmente, se ocupa más de los que no han nacido que de los que ya
están aquí.

De ellas, de las cuidadoras que ponen alma vida y corazón en lo que hacen, quiero
acordarme en este 8 de marzo de 2014.


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