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BAJO LA LLUVIA

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Naturaleza
convulsa, fingiendo un invierno tórrido en abril, se dejó llorar a lágrima
abierta por los roquedos y las avenidas hasta sobrar agua y anegar campos
solitarios, asfaltos y vergeles; se enfureció por osadía y comenzó a llover y llover
sin otro sentido que cumplir con su primigenia ceremonia.

 

 

            En
la mañana viva el chorreón caía con desmayo desde donde siempre pero con más
ansiedad y sorprendió a quienes intentaban desunir sueño  de realidad y a quienes solo deseaban
incorporarse a la dinámica de los quehaceres. Y llovía sin prisas cuando
alguien del entorno paseaba con calma bajo la lluvia, con el sonrojo de unos y
la creencia de estupidez de todos. Dibujaba en el paisaje urbano una figura
atrevida y tierna, se mojaba a conciencia, no aligeraba el paso y reía a
quienes le miraban sin llamarle loco.

 

 

            Pudo
ser un aficionado al sosiego o un poeta estremecido que buscara rimas en la
adversidad o un enamorado ahíto de sufragios de besos pretendiendo un imposible
olvido o una mujer que solicitara la atención debida a sus necesidades o una
novia dejada desvestida de sueños en el altar o una prostituta que volviera a
casa después de su tarea o un pescador que calculara mal los tiempos o un
vigilante que perdiera su hora o un penitente que anunciara la próxima pascua o
un borracho avergonzado o simplemente un ser humano cargado de soledad o un
hedonista que quisiera sentir el inmenso placer de dejarse mojar en un día
cualquiera e insólito por la lluvia frágil; o tú, que esperabas.

 


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