“ASÍ ES SI ASÍ FUE”: AMENA CRÓNICA DE LOS TRASTÁMARA A LOS AUSTRIAS.

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La Cía Producciones Andrea D´Odorico amenizó este viernes musicalmente una larga lección de particular historia de la gestación de la nación española y sus reinos, bien interpretada por cuatro grandes actores: Joaquín Notario, Juan Fernández, José Manuel Seda, los tres de riguroso luto, con la dulce y elegante Verónica Forqué, con vaporoso vestido rosa.

[Img #36843]¿Nos vivenciaron un “pedazo de historia” o más bien una antihistoria con retazos intrahistóricos, y “hecho teatro” o más bien un recital parateatral? Nos explicamos: en el shakespiriano título “Así es, si así fue” ya hay una condicional en el “si así fue”, porque a todas luces se escogió una particular narración de algunos hechos, los más tristes y negativos de unos personajes bastante desmitificados y satirizados, aunque se apoyaran en la autoridad de unos buenos poetas medievales y áureos, que daban la impresión de una historia poco contada así, pero que además pretendía ser actual o eterna.

 

         Impresionó particularmente el cruel relato de maltrato con los indígenas del dominico defensor de ellos Bartolomé de Las Casas y la codicia de los ilegales Reyes católicos, por el contrario la mitificación de la legalmente aspirante al trono  castellano La Beltraneja, muy bien relatada por Verónica Forqué, que se llevó un gran aplauso.

 

          Anunciaban en el programa de mano que ese particular pedazo de historia, que abarcaba más de dos siglos, estaba “hecho teatro”, más bien montado parateatralmente, pues los cuatro excelentes actores casi siempre pasaban de la silla al atril y alguna que otra vez  intercambiaban sus posiciones moviéndose o bailando por el proscenio y por supuesto cantando frecuente y muy armónicamente, bien acompañados musicalmente por instrumentos de la época. Uno de los músicos ,Marcos León,se les unía haciendo de pueblo o con simpáticas y vibrantes réplicas.

 

          Y el sobrio montaje se apoyaba en unos rótulos, a modo de títulos de capítulos, que se proyectaban en la pared del museo con alguna figura o documento que algo ambientaba o enmarcaba la época de la que se tratara; pero prácticamente nada de atrezzo ni de cambios de vestuario, salvo algún velo o cinta, algún abanico o cencerro que movían rítmicamente.

 

         La persistente acidez satírica que nos dejaron los más tristes episodios y las más chuscas anécdotas regias o nobiliarias se dulcificaron al final con con el buen recitado de nuestros grandes ascetas y místicos Fray Luis de león, San Juan de la Cruz y la quincuacentenaria Teresa de Ávila. El numeroso público aplaudió algunas escenas y también calurosamente al final, lo que obligó a salir a la gran directora Laila Ripoll y al dramaturgo Juan Asperilla, congratulándose del éxito.

 


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