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LA HORCHATA DE FERNÁNDEZ VARA

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Guillermo Fernández Vara no es lo que se dice un buen polemista. No por falta de conocimientos ni de preparación. Es que él eso del cuerpo a cuerpo lo lleva fatal. Por eso deja a su perro de presa en la Asamblea de Extremadura, Valentín García, que muerde hasta con bozal; ya lo hacía en su etapa de líder sindicalista de CCOO y cuando enamoraba a las adolescentes en La Zarza, antes Zarza de Alange (Badajoz). García le saca punta a todo, hasta a las traseras de un lápiz corroído por el paso de los años.

 

El ex presidente de la Junta de Extremadura ha podido sacar réditos políticos de la torpeza de un José Antonio Monago que ahora defiende su honor y el de su familia, lo que no sabemos es si se acordaba de todo esto cuando viajaba a Canarias, con cargo a los fondos del Senado y a los suyos propios. Entendemos que fuera  Canarias con dinero público para desarrollar su labor como senador pero ¿las otras veces? Más vale que se hubiese gastado ese dinero en viajar por Extremadura y no aprovecharse de los kilómetros y de la herencia recibida por parte del ex presidente regional del PP y hoy vicesecretario general de Organización del Partido Popular a nivel nacional, Carlos Floriano. “He echado de menos alguna llamada”, dijo el presidente. Puede que fuera la de su amiguita una vez se ha descubierto todo el pastel.

 

Y ahí sigue Fernández Vara, haciendo el moña y dejando que Podemos se atribuya todo el éxito de la operación de Diario Público contra Monago. Es más, ¿dónde está Guillermo? Puede que pensando su próximo artículo para Digital Extremadura o escondido porque la jueza Ayala ha dicho que va a investigar las cuentas de los últimos quince años.

 

Era para haberse puesto las botas. De manera serena, elegante, sin sacar los pies del tiesto. Sin embargo, parece un gamusino con las orejas gachas, permitiéndose el gusto de que su perro de presa arremeta contra los funcionarios de Fomento, que están recogiendo firmas para hacérselas llegar al presidente Monago y al mismísimo Fernández Vara, al objeto de que haya un desmentido oficial, porque los funcionarios cumplen con su labor lo mejor que pueden y nadie es quién para acusarles a las primera de cambio, como hizo Valentín García, cuando agentes de la UCO irrumpieron en la sede de Fomento a por información y se llevaron detenido a un jefe de Sección, que ha sido puesto en libertad.

 

Y mientras todo esto ocurre en una región que era una pura delicia cuando gobernaba Juan Carlos Rodríguez Ibarra, llega su delfín, Guillermo Fernández Vara y se esconde debajo de la faldilla de la camilla, con el consiguiente riesgo de quemarse con el brasero. ¿Dónde está Guillermo Fernández Vara?, nos preguntamos una y otra vez, pero no obtenemos respuesta. Puede que se haya refugiado en su palacete de Olivenza o quizá, como parece que es colega de Monago, también se haya ido a Canarias a conocer a la amiguita que dicen que está muy buena y que lo hace muy bien: el mojopicón me refiero.

 

Cuando uno está en política es para algo, no únicamente para obtener los privilegios propios del cargo. Y se supone que Fernández Vara es diputado de la Asamblea de Extremadura y líder de los socialistas extremeños, huérfanos todos ellos de un secretario con un par de bolindres que hubiese dicho perro judío a Monago. Pero no, Fernández Vara calla y deja que los demás nos rompamos o nos rompan la cara por decir cosas que debieran salir de su boca.

 

Desconozco la actual relación de Rodríguez Ibarra con su delfín, pero si se lo echara a la cara yo le contaría un cuento. A Ibarra que no se le escapaba una se le iba a escapar vivito y coleando José Antonio Monago: ni de broma. Le hubiese cantado bien cantadas las cuarenta, lo mismo que hizo con Juan Ignacio Barrero y Carlos Floriano.

 

No sé qué va a pasar con esta región el próximo año en las elecciones autonómicas. Monago, quien asegura que se presenta a la reelección, achica aguas en Canarias. Guillermo Fernández Vara no sabe,  no contesta. Pedro Escobar se ha cargado la poquita dignidad que le quedaba a Izquierda Unida, y Podemos sigue manteniendo reuniones diarias en la calle Castelar de Mérida y sobresaturando Facebook y Twiter con mensajes incendiarios sobre la casta y el árbol perdido.

 

Vara no habla. Cree el ladrón que son todos de su condición, pero los votos del hartazgo se irán todos a Podemos, que irrumpirá en la Cámara extremeña y será la llave de la gobernabilidad. ¡Virgencita, virgencita, que me quede como estoy!, porque de no remediarse un grupo de desarrapados van a ser los que desgobiernen Extremadura los próximos cuatro años.

 

¡Guillermo, coño, reacciona!, tú que eres médico métete un chute que te haga aumentar los glóbulos rojos porque tu sangre, ahora, es pura horchata.


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