RAJOY LE VE LAS OREJAS AL LOBO

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La sociedad española lo ha dicho alto y claro. Sí a la vida. Sí a la mujer. Sí a la maternidad. Y todo esto se materializaba con millón y medio de ciudadanos que surcaban el 22-N las calles de la capital del Reino, atendiendo a la llamada no de una sino de hasta cuarenta organizaciones sociales que están a favor de la vida, porque la vida la da y la quita Dios, algo que parece haber olvidado los señores que se sientan en el Gobierno. Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza para que disfrutase de un mundo que, por la libertad de decidir que también le otorgó, se ha prostituido hasta el punto de que todos los principios buenos que nos concedió, los hemos pervertido de tal forma que no nos queremos ni a nosotros mismos.

 

Hemos llegado al extremo de que ya no somos hermanos. Todo es mentira. Estamos por hacernos la puñeta los unos a los otros, sin tener en cuenta que el poder, la riqueza, el afán por acumular, todo es pasajero. Cuando llega el momento, sin importar edad o condición social, Dios nos llama a su presencia y nos echa las cuentas de lo que hemos hecho, sea bueno o malo. Somos unos hipócritas, todos, yo el primero, y unos egoístas. No nos importa nada el sufrimiento del prójimo, vemos el telediario y nos reímos en lugar de alarmarnos, vamos a Misa y no le damos ni una mísera moneda a la pobre que espera a las puertas de la Iglesia…

 

No obstante, quisiera creer que algo está cambiando. Puede que sea por interés electoral, puede que Mariano Rajoy le haya visto las orejas al lobo, pero el ministro de Justicia español, Rafael Catalá, el sustituto de Alberto Ruiz Gallardón, quien ya tenía lista la reforma que contemplaba una ley de supuestos, ha reconocido que el 22-N puede suponer un punto de inflexión en la opinión del Gobierno del PP en cuanto a la llamada ley del aborto y que se reunirá con todos los partidos y agentes sociales para intentar llegar a acuerdos.

 

Aquí, señor Catalá, el único acuerdo posible es que el Partido Popular cumpla un programa electoral que votó la mayoría de los españoles y que les llevó a ustedes al Gobierno. No me vengan ahora con componendas de tipo alguno: hay que terminar con la ley de plazos y adoptar una ley de supuestos en las que se garantice la vida del no nato, de la mujer y se ponga en valor la maternidad. Primero, porque desde la concepción hay vida. Segundo, porque la mujer y su salud son lo primero. Y tercero, arbitrando medidas que permitan una maternidad sostenible, que concilie la vida familiar con la laboral, ampliando el periodo de baja por maternidad y ayudando a las familias dependiendo de sus recursos económicos.

 

También está, no podemos pasarlo por alto, la educación sexual y las medidas de todos conocidas para que los jóvenes o los adultos puedan disfrutar de una sexualidad saludable, pues Dios conoce perfectamente cuáles son las necesidades de los humanos. Pero ¡ojo!, sin traspasar los límites: los medios anticonceptivos no pueden ser medios proabortivos en ningún caso; de lo contrario, estaríamos en las mismas. De igual modo, debe existir un control sobre las clínicas en el supuesto de que la vida de la madre o del feto corran peligro. Yo apuesto porque, llegados estos casos, todo esté en manos de la Seguridad Social. Así se terminaría con la especulación y la falta de escrúpulos de unos asesinos a los que sólo les importa el vil metal.

 

España ha dado un paso importante manifestándose en Madrid y gritando no al aborto libre y consentido. El Gobierno, con el anuncio de Rafael Catalá y después de verle las orejas al lobo,  está dispuesto a negociar aunque, insisto, aquí está todo hablado. La Iglesia, por su parte, rechaza de plano el aborto, como no podía ser de otra manera y el Papa, en su discurso del martes en el Parlamento Europeo, se refirió al “asesinato del no nacido”.

 

Ustedes, señores del Gobierno del PP, y en especial su presidente Mariano Rajoy, verán qué es lo que quieren hacer. Pero me tendrán siempre enfrente si no toman con urgencia una medida capaz de conciliar la vida del no nato, la de la mujer y la maternidad. No estamos dispuestos a vencernos a cantos de sirena cuando la realidad es que el aborto es un asesinato y quienes lo practican o consienten unos asesinos.


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