NO HEMOS CAÍDO EN LA TRAMPA

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Aun cuando debe aclarar de forma más precisa su interés para que un empresario se haga con el arrendamiento de la finca “Royanejos” por un precio cincuenta veces inferior al tasado, el alcalde de Mérida, Pedro Acedo Penco, ha dejado bien clarito que los emeritenses no quieren que se venda la Residencia Oficial del presidente de la Junta de Extremadura, intención que, supuestamente, tiene José Antonio Monago y que expresó en el pleno de la Asamblea del jueves 27 de noviembre. Acedo se ha puesto a la cabeza de su pueblo y asegura que, en última instancia, sería el propio Ayuntamiento de Mérida el que compraría el inmueble, que según distintas estimaciones, tendría un valor de dos millones de euros.

 

Siendo loable la actitud del alcalde capitalino, creo que muchos han caído en la trampa que nos han lanzado los asesores de comunicación y malas prácticas del presidente del Gobierno extremeño. Ya no se habla de los viajes a Canarias ni de los encuentros pagados con dinero público a una linda canaria de Tenerife a Sevilla. Ahora se habla de la casa y de la advertencia de Pedro Acedo con no presentarse a la reelección en 2015 si se materializa la mentirijilla.

 

Ya tengo claro que Monago es un Pinocho en manos de algunos Gepetos que no solo le escriben los discursos, con poesías incluidas, y le hacen decir cursiladas como las de las rosas azules y las rosas rojas: también le indican lo que tiene que hacer para que todo el escandalazo de los viajes a Canarias pasare a un segundo término y fuere olvidado por su propia inercia. Un alto cargo del Partido Popular ha hablado conmigo y, si bien es verdad que me ha pedido un poquito de suavizante con el presidente, me ha confirmado que lo de la venta del inmueble es pura invención y que de alguna forma había que salir del atolladero.

 

Yo quiero mucho a esta persona, porque hemos compartido bastante a lo largo de otros tantos años, pero mi conciencia y mi obligación están en decir que José Antonio Monago no necesita suavizante sino una buena dosis de árnica para que haga las maletas y dimita, porque moralmente es un corrupto, que utilizó la tarjeta de crédito del Senado para pagarle los vuelos de Canarias a Sevilla a su amorcito primaveral .

 

¿Qué tiene que decir el ínclito presidente del Gobierno de Extremadura a la publicación el viernes 28 de noviembre de una tarjeta de embarque, pagada por él a su novia, y hecha pública por Diario Público? Es la prueba del algodón de la que hablaba la vicepresidenta Cristina Teniente. En la publicación se reflejan todos los datos y si no han cambiado todavía al pagador, que ya lo cambiaremos los votantes si no se va en mayo de 2015, José Antonio Monago es el presidente del Gobierno de Extremadura; a no ser, que le hayan birlado la tarjeta de crédito, lo cual no consta en ninguna denuncia presentada en su momento.

 

¿Y ahora qué? ¿Es para dimitir o no? No sólo paga con dinero del Senado viajes a Canarias sino que, encima, nos miente con la venta de la residencia oficial del presidente de la Junta de Extremadura para permanecer en el poder. ¡Cuánta miseria! ¡Cuánta podredumbre! ¡Cuánta jeta! Ni un cerdo de la dehesa extremeña tiene la jeta que tiene este hombre.

 

Señor Monago, por favor, ponga fin a esta situación que está dañando la imagen de Extremadura, haga las maletas y váyase para casa. Déjese de chulerías en la Asamblea, donde siempre encontrará para llorar el hombro de Pedro Escobar, otro que tal baila, y restituya su honor y buen nombre, aunque ya es difícil, presentando la dimisión y devolviendo el dinero, que es lo que debería haber hecho desde el minuto cero. Déjese de milongas de que va a vender la casa del presidente; haga las paces con los extremeños y vuelva a su oficio, el de bombero, que es tan digno como ser presidente. Por cierto, se me olvidaba, que usted ya tiene la vida resuelta, pues siendo ex presidente tendrá los honores propios del cargo.

 

¡Basta ya, coño!, de tanto cachondeo. Cuando el tal Monedero, el de Podemos, vino a nuestra región y le llamó cacique, no tuve más remedio que defenderle porque no íbamos a consentir que vengan de Madrid a llamarnos lo que no somos. Por favor, no permita que algún día se me escape en uno de mis comentarios la palabra sinvergüenza, que no se lo llamo que conste, y haga honor a la nobleza que caracteriza a los extremeños. Don José Antonio Monago metió la pata y tiene que sacarla, y eso únicamente puede remediarlo con la devolución del dinero de los viajecitos que pagó a su amante y la dimisión.

 

Si no hace esto, va a pasar a la historia de Extremadura como un pobre hombre, al que el poder le trastornó y que en cuatro años como presidente no hizo nada. Bueno, sí, gastar millones en no sé qué: el que vendrá detrás tendrá que encargar una auditoría para saber dónde se ha ido tanto dinero,  y encauzar la situación que deja, un trabajo ímprobo, a tenor de cómo está la cosa.


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