¡¡STOP AL EXPOLIO!!

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 El día de San Papías, allá por 1878, resbaló entre los muslos de su madre, a la que llamaban Ti Inocencia Clemente García, un infante de ojos rabiosamente azules.  En la pila, le pusieron por nombre Manuel León Alonso Clemente.   De pequeño, le decían “Galleguiñu”, que por algo era hijo de Joaquín Alonso Pérez, natural de la parroquia orensana de San Salvador de Prado de Limia, en el concejo de Muiños.  Pero cuando  matrimonió y se hizo guarda jurado de los términos de lugar, pasó a ser Ti León “Jurao”.

 

     Cuentan que Ti León, cuando tenía un trago de vino, solía cantar aquella vieja copla de: “En este pueblo, señores,/si preguntan quién es Dios,/la respuesta es la siguiente:/Ti Montero y otros dos”.  Parece ser que su padre se dejó caer en el pueblo con otra cuadrilla de gallegos, del gremio de la albañilería, y todos ellos eran de ideas muy avanzadas y revolucionarias.  Algo se le pegaría, pues, a la descendencia.  Cierto día, Ti León tuvo más que palabras con un alcalde que, valiéndose de su puesto, quiso desamortizar la hoja conocida como “El Robleu”, cuyas tierras bajaban a beber a la margen derecha del río Alagón.  De siempre, habían sido comunales y, divididas en suertes, eran sembradas de centeno por los vecinos de la población.

 

     El “Galleguiñu” los tenía bien puestos y no era la primera vez que denunciaba los enjuagues y caciqueos de los que tenían la vara de mando en el Ayuntamiento, donde siempre se sentaban los mismos: los más “riquínuh” del lugar, porque ricos-ricos no había ninguno.  La figura del terrateniente extremeño nunca fue muy corriente por los septentriones extremeños.  Pero caciquismo había para dar y tomar.  El hambre de tierras, que nunca sacia a los que más tienen, originaba muchas contiendas.  Los miembros de las corporaciones locales, empleando sobornos y corruptelas, intentaban cambiar la titularidad de los bienes comunales, sacarlos a subastas y, luego, al ser ellos los más adinerados, comprarlos por cuatro perras.  Durante la II República, con un Ayuntamiento de izquierdas elegido por el pueblo, según los libros de actas de sesiones, se abrieron siete expedientes contra los mayores hacendados del lugar por haber cortado caminos públicos, anexionar a sus fincas manantiales y abrevaderos públicos y por oponerse a que algunas de sus fincas, donde prevalecía el derecho de suelo y vuelo, fueran labradas por los yunteros del pueblo.

 

     Ti León, nieto paterno del gallego Antonio Alonso y de la gallega Ángela Pérez, era muy consciente que su misión, como guarda jurado, era velar por los términos municipales y su titularidad.  Su enfrentamiento, según cuentan, fue sonado con aquel alcalde cacicorro que tenía las riendas del poder local en los primeros años del siglo XX; uno al que también le decían Ti Montero, seguramente descendiente del Ti Montero de la copla. Cuando el mandamás, en el paraje de la “Juenti Jocinillu”, se bajó del caballo que montaba y se dirigió, furioso y blandiendo un palo, adonde Ti León, éste esquivó el golpe y le dio, con su cayada de guarda, un cachiporrazo entre las orejas al alcalde de vara.  Hubo juicio y testigos a los que no pudieron sobornar.  Ti León se despachó a gusto ante el juez: “-Miri usté, señol jué, loh cuatru riquínuh d,ehti pueblu han ehtau mu mal acohtumbráuh de toa la vida. Han jechu lo que leh ha apaecíu y han faratau lo que leh ha veníu en gana.  Ni rehpetan el suelu ni el vuelu ni loh comunálih que son un rehpiru pa la genti probi.  Compran loh vótuh y corrompin a únuh y a ótruh. Yo na,máh he jechu que defendelmi al velmi agredíu, y de siempre he cumpríu fielmenti con mi oficiu de guarda jurau, sin besali el culu a naidi”. 

 

     Por la cuenta, el nieto materno de Ti José Clemente y de Ti Antonia García salió bien parado, mientras que el alcalde fue destituido.  Ahora, no sabemos si andarán moviéndose en pro de los derechos comunales otros guardas de los muchos que deambulan por nuestras sierras y valles.  Ahora, cuando la política está que arde porque se avecinan nuevos tiempos, puede que haya pasado desapercibida la llamada Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local, que algunos denominan, despectivamente, como “Ley Montoro”.  Esta aberrante ley, impuesta por la aplastante mayoría de la derecha de este país el día 31 de diciembre del pasado año, ha condenado a que las Juntas Vecinales de nuestros medios rurales rindan cuentas de los cinco últimos años.  Nunca tuvieron estas Juntas órgano alguno de gestión tributaria, ya que se han regido por sistemas autogestionarios y de democracia directa. Si antes de la próxima Nochevieja no se han presentado las cuentas, las Juntas Vecinales perderán su soberanía y su capacidad jurídica para gestionar sus bienes comunales.

 

     La derecha que nos trae a mal traer y que nos lleva a la deriva, pese al cinismo del capitán de la nave (léase: señor Rajoy), ha enseñado su colmillo más neoliberal y, a la vez, más neoconservador, criminalizando a las entidades menores, a las que están a punto de arrebatar su patrimonio comunal y su cultura concejil de siglos.  Otra nueva, irracional y encubierta Desamortización, como las que tuvieron lugar en el siglo XIX, que engordaron a la burguesía y empobrecieron a los jornaleros y a los medianos y pequeños campesinos.  Toda una disimulada rapiña a la que nadie está atento, porque los medios apenas han hablado de ella y no ha surgido el correspondiente debate.

 

     Tan solo la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que otrora fuera grandioso sindicato anarcosindicalista con gran implantación entre el campesinado, ha levantado la voz, lanzando una campaña de “Stop Expolio del Medio Rural: Defendamos los Concejos Asamblearios y la Autogestión Comunal”.  Este sindicato, el único del todo el espectro sindical que se niega a recibir subvenciones estatales, se está partiendo el pecho por defender a los concejos afectados y por reventarle esa perenne risa, que las malas lenguas la comparan a la de las hienas, al pepeísta Cristóbal Ricardo Montoro Romero, actual ministro de Hacienda.  A nadie más hemos visto ni oído alzar la voz: ni a los sindicatos agrarios que aceptan de buen grado el maná del papá Estado, ni a los partidos de izquierda (de la derecha es mejor olvidarnos), ni a otros movimientos ciudadanos ni a ese emergente Podemos que tanto dice luchar contra los poderosos.

 

     El guarda jurado Ti León las tuvo con un tal Ti Montero, apellido que, hoy en día, se ha desparramado por todo el pueblo y, sin lugar a dudas, es el que más prolifera, sin hacer distinciones en cuanto a la pirámide social.  Ayer fue un tal Montero y hoy es un tal Montoro.  Ambos cortados por el mismo rasero.  Los dos conservadores, de derechas y, como tales, enemigos declarados de la voz del pueblo.  Esta Ley tan irracional, que encima tienen la desvergüenza de nombrarla de “Racionalización”, es un ejemplo de la vileza acostumbrada a perpetrar por las filosofías neoliberales.  En nuestra comunidad autónoma también hay una buena gavilla de entidades menores y de miles de hectáreas de bienes comunales.  ¿Acaso alguien espera que don José Antonio Monago y los suyos muevan un dedo a favor de este expolio al medio rural?  Monago, que no ha tenido la ética y la decencia de seguir los pasos de su colega turolense Carlos Muñoz Obón, anda liado con otras ocurrencias.  Es de esperar que el Partido Regionalixta Extremeño (PREX), cuyo máximo dirigente es Estanislao Martín Martín, “Tani”, tome cartas en el asunto, que para algo es nativo de Casares de Las Hurdes, y la comarca jurdana será una de las que se verá más vilipendiada por tan bochornosa ley.

 

     Los reúmas crónicos se llevaron a Ti León al camposanto un día de Santa Brígida. Iba camino de los 77 años.  De él cuentan infinidad de historias, pero la memoria colectiva del lugar lo evoca como alguien que no se arrugaba ante las varas de mando de los alcaldes-caciques ni consentía el despojo de los más necesitados.  ¿Saldrán, antes que llegue (ya estamos a las puertas) el último día del presente año, arriscados batallones de gente dispuestos a frenar en seco esta expoliación de nuestros medios rurales…?  Apelamos a la memoria de Ti Manuel León Alonso Clemente.  Intrahistórica memoria, pero auténtica aunque no venga en los grandes libros de la historia.

 


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