PURA INDIGNACIÓN

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Pues como resulta que los indignados están de moda, ustedes me van a permitir que también me
indigne yo. Y les cuente por qué.

Todos los que tenemos familiares viviendo lejos, mayormente al otro lado del Atlántico, pasamos
cuatro días sin descansar (dos para la venida y dos para la vuelta) cada vez que se ponen de viaje
para llegar a Cáceres o marchar de él. Hasta que escuchamos o leemos su mensaje diciendo que
(aquí o allí), han llegado.

Porque cualquier viajecito de estos se las trae. Primero hay que llegarse a Madrid (pongamos por
caso): cuatro horas. Tómese luego un taxi para acercarse a Barajas, de modo que haya tiempo
(un par de horas antes de la hora de salida del vuelo) para facturar y todos los trámites
subyacentes: total tres horas. Súbanse al avión y emprendan el periplo propiamente dicho: doce
horas. Aterricen y cojan taxi hasta el domicilio: una hora y pico. Sumen. Hagan la cuenta y verán:
un trozo de la vida en cada viaje. O casi.

Y no me vengan con que si usas coche propio llegas antes porque estoy hablando de la razón de
ser de cualquier transporte público que pueda, en propiedad, ser llamado así. Estoy hablando de
comunicación, de infraestructuras…de esos conceptos que convierten a un territorio en un lugar
mínimamente organizado. Del primer mundo. Actual.

Del por qué Extremadura carece de buenos trenes, no tiene el AVE, no posee un aeropuerto
rentable y eficiente, a pesar de contar desde hace tiempo con el aeropuerto militar de Talavera la
Real, se ha escrito largo y tendido. De las causas, de los efectos, de los intereses o no, también.
No voy a repetirme. He escuchado opiniones muy sabias sobre lo innecesario de la alta velocidad,
los impactos que trae consigo, etc…Habrá quien simplifique diciendo que los gobiernos sucesivos
no han sido capaces de lograrlo, que no hay población suficiente, que cualquier proyecto es
demasiado caro para los presupuestos de esta Comunidad. Que no se necesita. Y puede que
hasta les dé la razón. En mis años de alcaldesa, dos veces me reuní, junto al Consejero
pertinente, con los responsables nacionales de las infraestructuras ferroviarias, para acordar la
ubicación de la estación del AVE, a su paso por Cáceres, y he de decir que nos vimos con
profesionales muy duros en la negociación. Y que sus criterios son economicistas, algo por otro
lado perfectamente normal en una empresa. Lástima que todo se haya ido al traste y que la
miopía de la actual representante de la ciudad haya estropeado muchas de las cosas acordadas
entonces y que por prudencia no llegaron a contarse a la opinión pública, mientras no hubiera
fecha para su inicio.

La consabida crisis que tantas cosas se ha llevado por delante, se ha llevado lamentablemente
también las mejores ambiciones. Al menos, de momento. Una ambición legítima de apostar por
Extremadura, a pesar de todos los pesares, arriesgando en el camino de su modernización. Una
región como ésta, a medio camino entre Castilla y Andalucía, por la que no pasó la revolución
industrial, lleva mucho retraso en sus “tripas”. Si hace unos años todo el mundo veía ciertas
cuestiones como necesarias, hoy ya ni siquiera las ve como posibles. Hay una especie de
resignación incluso para las más básicas aspiraciones generales. Otra vez al agujero de algo
parecido a la baja autoestima, bajo el pretexto de una mal entendida prudencia. No me digan que
no es para indignarse.

 

 

 

 


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