EL DISCURSITO DE MONAGO

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En enero de 2009, el hoy Papa Emérito  Benedicto XVI, aprovechando una reunión con diplomáticos, dijo con rotundidad: “Hoy, más que nunca, nuestro porvenir está en juego, al igual que el destino de nuestro planeta y sus habitantes”. Con el permiso del Santo Padre tomo prestadas sus palabras para observar que, en mi opinión, hoy más que nunca está en juego el destino de una región noble, de gentes nobles y sacrificadas, trabajadoras y amables, como es nuestra querida Extremadura, y que no merecen que un tarugo llamado José Antonio Monago Terraza sea su presidente. Es un insulto a la inteligencia y al conocimiento, ese que con tanto esfuerzo se encargaron nuestros padres de costear. Extremadura ha cambiado en los últimos treinta años, pero nada se le puede adjudicar al señor Monago, a no ser su afán de notoriedad y de creerse más que nadie.

 

Me cuentan algunos amigos de Canal Extremadura Televisión que durante la grabación del discursito de Fin de Año, el presidente de la Junta de Extremadura se pensaba que era una figura del rock: será que como últimamente se está rodeando de estrellas quiere parecerse a una de ellas. O no. Porque no las tiene todas consigo. Hacer coincidir en el día y casi en la hora el discursito de marras con el concierto de Woody Allen en el Palacio de Congresos de Badajoz es significativo. Por un lado, rompe el encanto y la magia de la tele; por otro, los oyentes de Badajoz capital y los que se desplazasen a ver al astro del clarinete no tuvieron tiempo de atender a las dos cosas. O la una o la otra. Lo decía en mi artículo anterior: Monago Terraza se mueve al son de tambores, es decir, de encuestas, y la capital de la provincia parece garantizada con un alcalde joven y preparado, profesor universitario, como es Francisco Javier Fragoso.

 

En Mérida, sin embargo, hay dudas. Antonio Rodríguez Osuna ha aparecido con fuerza en el panorama político de su pueblo, tras años en la Junta y en la Asamblea, y aunque mentiría si no dijese que otros preferían a Estrella Gordillo o a Ascensión Murillo como cabeza de lista del PSOE a la Alcaldía, el joven Rodríguez Osuna, miembro de una conocida familia de la ciudad emeritense, ha logrado que todos los escépticos se unan en torno a él. Pedro Acedo tiene, sin lugar a dudas, a un buen rival el próximo 24 de mayo, si bien el PP local es una piña en la defensa del alcalde y está igual de cabreado que él por el pulso que le ha echado Monago con el asunto de la posible venta de la Residencia Oficial de los presidentes de la Junta. Sobre esto no dijo en el discursito de quince minutos cronometrados ni una palabra, pero sí prometió para Mérida el Estatuto de Capitalidad en 2015 y espera amplio consenso de todas las fuerzas.

 

Pero voy, muy de pasada, a comentar el discursito de Monago, pues ya se encarga mi mentor Félix Pinero Sánchez en esta misma página de dar buena cuenta de él. Opino que Monago no ha cambiado –quién hace cambiar a un brutalate a estas alturas–, y que se sigue sintiendo satisfecho por haberse conocido.

 

Si para José María Aznar España iba bien, para el señor presidente de la Junta de Extremadura nuestra región va mejor todavía. Es la que más innova, la que más exporta, la que ha logrado una Renta Básica, la que ha pagado la PAC  en tiempo y forma…

 

Pero, el resumen del discursito es que a Monago le dan igual las churras que las merinas. Lo mismo se entregaba en brazos de Podemos, siempre que no se traspase una línea roja que marca él, que le volvía a tirar los trastos a Izquierda Unida para conseguir, sino una coalición de gobierno, sí reeditar la abstención de 2011.

 

El discursito fue el pistoletazo de salida de la campaña electoral. El todavía presidente de la Junta de Extremadura ya no se declara liberal, como publicase Interviú en una entrevista nada más llegara al Gobierno de la región: él es de centro, y Adolfo Suárez y Felipe González hicieron España y Díaz-Ambrona y Juan Carlos Rodríguez Ibarra hicieron Extremadura. Es de tal falacia utilizar a insignes figuras de nuestro panorama nacional y regional para hacer campaña que Monago se define él solito.

 

El discursito de José Antonio Monago Terraza me trae a la memoria un romance que aprendí en el instituto y que resumo por no fatigarles en demasía, pero que le dedico al todavía presidente de la Junta de Extremadura, para que vaya poniendo las barbas a remojar, pues le quedan menos de cinco meses en el cargo si Dios escucha las muchas plegarías de una buena parte de la población extremeña, hastiada de chulerías y de chulos, y es que el rey Monago ha logrado enfadar hasta a los más acérrimos del Partido Popular:

 

“Los aires andan contrarios / el sol eclipse hacía, / la luna perdió su lumbre, / el norte no parecía, / cuando el triste rey don Juan / en su cama yacía, / cercado de pensamientos, / que valer no se podía.”


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