CANGUELO

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 En el verano de 1933, no solo los calores iban caldeando el ambiente del lugar.  Las derechas tenían atragantada a la República y hacían rodar sus vagones de odios y mentiras hasta los rincones rurales más apartados de la geografía hispana.  Mitineros de tres al cuarto envenenaban las cabezas de los jornaleros, yunteros y medianos y pequeños campesinos que con tanta devoción habían celebrado la instauración de la II República Española, creyendo a pie juntillas que ésta y sólo ésta redimiría su hambre de siglos.  Por aquel entonces, Juan Pérez Rodríguez era miembro de la Guardia Cívica del lugar, creada para la defensa de los ideales republicanos.  Se le conocía por Ti Juan “Pellejo” y había nacido el día de San Filadelfo, en 1890, siendo hijo de Ti Félix Pérez Rodríguez y de Ti Celedonia Rodríguez Caletrío.

 

     Refieren que, en la Virgen de Agosto de aquel año, se presentaron en el pueblo una camioneta y dos coches negros, donde viajaban militantes del gran bloque de derechas, en el que se integraban la CEDA, Renovación Española, grupúsculos carlistas y alfonsinos y otras formaciones ultraderechistas.  Sus dirigentes eran bien conocidos: Gil Robles, José Calvo Sotelo, Víctor Pradera, Pedro Saínz Rodríguez, Eugenio Vegas Latapié o Manuel Fal Conde, entre otros.  Pretendían dar un mitin en un salón de baile de la población, pero el dueño les cerró las puertas. Se personaron ante el alcalde y quisieron comprar su voluntad para poderlo dar en la plaza, desde el balcón del Ayuntamiento.  Fausto Casas Gutiérrez, alcalde republicano, se negó en redondo. Entonces, un par de oradores se subieron a la cabina de la camioneta y empezaron a asustar a la gente con sus soflamas antirrepublicanas y con la revolución bolchevique.  El alcalde ordenó a la Guardia Cívica que cortara aquello de raíz.  Ti Juan “Pellejo”, experto cazador que donde ponía el ojo colocaba el tiro, apuntó con su carabina y la bala hizo blanco en la chapa de la cabina, entre las piernas de ambos predicadores.  Asustados como conejos, pegaron al momento un salto y vinieron a tierra.

 

     Se escucharon otros disparos al aire y una cuadrilla de fanatizados le hicieron cara al nieto paterno de Ti Gregorio Pérez Ruano, natural de Ahigal, y de Ti Inés Gutiérrez Dosado.  Ti Juan “Pellejo” tenía bien aferrada la carabina y, dirigiéndose a la legión de derechistas, les advirtió: “Si tenéih tanta halbeliá cumu lengua y tántah argállah cumu gabólah echáih, arrimálvuh pa,cá algúnuh, que  voh queu sécuh de momento.  Naidi oh ha dau vélah en ehti intierru; asín que il-la a ehparigila pa,í, qu,en ehti pueblu se jadin lah cósah cumu hay que jadélah, con loh permísuh correhpondiéntih y no pol lah brávah. ¡A vel si voh creéih vusótruh que séih loh duéñuh d,Ehpaña y del mundu enteru!”

 

     Aquellos forasteros, más de derechas que don Pelayo, agacharon las orejas, metieron el rabo entre las patas y se fueron mirando por el rabillo del ojo.  Pero sus ideas, cargadas de ventoleras antirrevolucionarias, triunfarían en las elecciones de noviembre de 1933.  La derecha había ido, como un solo hombre, a la contienda electoral.  La izquierda, tristemente, se presentaba desunida.

 

     Tambores suenan, y no muy lejanos, en estos inicios de 2015, anunciando ardimientos ideológicos que nos retrotraen a aquellos años 30 del pasado siglo, cuando el pueblo trabajador había depositado su confianza en la República para que acabara con tantos años de aquel bipartidismo (liberales y conservadores) que lo había hundido en el más infame de los caciquismos y en la más pútrida miseria.  Ahora, cuando la ciudadanía vuelve a rebelarse contra el bipartidismo, más que harta ya de tanta corrupción y de que sus votos sean papel mojado, pretende aupar a formaciones políticas que consideran fuerzas motrices para el cambio.  Grecia se dispone a ser el ariete contra el neoliberalismo y neoconservadurismo que campa a sus anchas y a lo bestia por la Unión Europea.  Alexis Tsipras, la cabeza más visible del movimiento “Syriza” (izquierda que es radical porque va a la raíz de los problemas), parece ser que se alzará con la victoria a finales del presente mes de enero.  Muy claro ha dicho que Europa no está en peligro por la izquierda, sino por el ultraliberalismo que la flagela.  Y ha advertido que su país exigirá una quita de la mayor parte de la deuda, porque la deuda objetivamente no puede ser pagada.

 

     El canguelo se ha apoderado de los traseros de los temibles tiburones que han tenido atenazadas nuestras vidas y haciendas.  En el país heleno, la derecha del primer ministro, Antonis Samarás, ya augura, atemorizando a sus compatriotas, que, si gana Syriza, Grecia será expulsada del euro.  Cuando hace escasos días se convocaban nuevas elecciones en dicho país y las encuestas aireaban que la carrera en el hipódromo (precioso vocablo griego) la ganaban los caballos de Alexis Tsipras, la bolsa española se desplomó el 3,18% y el Ibex perdió 10.500 puntos.  Se aproximaba el canguelo al coxis de los todopoderosos dividendos de la antigua Iberia.

 

     Con cara de pocos amigos, Wolfgang Schäuble, ministro alemán de Finanzas, alza y la voz y clama que “no hay alternativa a las reformas estructurales”.  Amenaza que las cosas “van a ponerse difíciles si los nuevos gobiernos salidos de las urnas no se adhieren a los compromisos contraídos por sus predecesores”.  Como fiel lacayo, Pierre Moscovici, ministro francés de Economía, Hacienda y Comercio  (para más inri, socialista), defiende a su colega alemán, añadiendo que “todos los electores deben apoyar sin fisuras el proceso de  reformas impuesto por la Troika”.  La derecha y la socialdemocracia marcando el mismo paso, abandonándose en los brazos de los mercados.  ¡Como para fiarse de tales formaciones políticas, tan “democráticas” ellas!”

 

    Baja el canguelo por el duro e inhumano espinazo del capitalismo sin alma y sus mastodontes tocan las campanas a rebato. Vocifera Joerg Sponer, director de Capital Group, uno de los fondos de inversiones más grandes del mundo: “Será el caos total; los programas de la izquierda alternativa son peores que el comunismo”.  Otros de la misma ralea apostrofan de igual forma, ya fuere el Bank of América Merryl Linch o el Sturgeon Capital, por citar algunos de estos caimanes de afilados dientes.  Al igual que cuando ponen el ventilador y desparraman el estiércol de la corrupción, intentando hacer ver que esa podredumbre es algo general, innata en la especie humana, también quieren convencernos que sus recetas son las únicas que ven precedidas de un acertado diagnóstico y las únicas que pueden sanear nuestros alicaídos estómagos y nuestros endebles huesos.  De no ser así, nos amagan con el abismo:  los bancos se hundirán, se acabarán las inversiones, aumentará el paro hasta cifras escandalosas y, en definitiva, arribará el barquero Caronte, el que nos montará en su barca, tras pagarle un oneroso óbolo y nos llevará hasta las puertas del infierno.  Bien lo decía el nieto materno de Ti Manuel Rodríguez Montero y de Ti Celestina Hernández Barroso: “Se crein loh duéñuh d,Ehpaña y del mundu enteru”.

 

     En este país nuestro ya conocemos de sobra, como en Grecia, las recetas de los que han gobernado.  No han dado una en el blanco ni a derechas (nunca mejor dicho) y bien dice el refrán castellano que “ballestero que mal tira, presta tiene la mentira”.  Nos han engañado vilmente.  Por ello, cada cual debería escuchar al filósofo griego Anaxágoras: “Si me engañas una vez, tuya es la culpa.  Si me engañas dos, la culpa es mía”.  Pero estos bocachanclas ahora temen que el canguelo les rebote a ellos, y, ciertamente, les está rebotando.  Las palabras del celebrado periodista Wolfgang Münchau, vertidas en el “Financial Times”, son pero que muy elocuentes: “La izquierda radical tiene razón sobre la deuda europea.  La derecha y el centroizquierda han llevado a la economía a una situación de invierno nuclear.  El frío y la falta de luz son más que patentes”.

 

     Ti Juan “Pellejo”, que se nos fue a pegar tiros a otras estratosferas aquel viernes y 13 en que un golpe de Estado derrocaba a Nicolás Grunitzky (presidente de Togo), había oído decir que “se coge antes a un mentiroso que a un cojo”.  Y el psiquiatra austriaco Alfred Adler afirmaba que “una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa”.  Nos seguirán mintiendo ahora más que nunca porque la verdad avanza, inexorable.  Seguirán y seguirán, pero ya presentimos la descomposición de los humores de sus intestinos y el canguelo se apoderará del agujero ubicado donde la espalda pierde su honesto nombre.

 


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