MONAGO TIENE MIEDO A FERNÁNDEZ VARA

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Le tiene miedo. Pánico incluso. Sabe que es su adversario. Su mayor rival. Las encuestas así lo dicen: el boom de sus amoríos en Canarias y Sevilla, su estancia siendo senador designado por la Asamblea de Extremadura en Tenerife, los resguardos de sus tarjetas de embarque en los que se demuestra que pagaba los viajes de su novia, la aceptación de un viaje de placer en un crucero, sus mentiras y dejación de funciones, su presunta utilización de dinero público para fines personales, su fracasado intento de pagar hasta el último céntimo de sus viajes a Canarias con cargo al Senado,y dicho en toda una convención de su partido,  le han pasado factura.

 

Uno pensaba, equivocadamente como se encarga de demostrar el tiempo, que el asunto de los viajecitos y permanencia en Canarias de Monago iban a pasar a la historia de la anécdota de la región. Pero no. Los extremeños no olvidan que José Antonio Monago Terraza no le prestó la atención adecuada a su misión de senador por Extremadura. Más al contrario, se benefició de ella y los ciudadanos de hoy no son tan sumisos como los de la época de Adolfo Díaz Ambrona, fundador del PP de Extremadura, senador y diputado de la Asamblea de Extremadura, que llegó a plantear una moción de censura contra el presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, y que perdió por falta de apoyos.

 

En su discurso de fin de año, emitido desde unas bodegas privadas de Trujillo, no sabemos a santo de qué teniendo su despacho oficial en Mérida, José Antonio Monago, dedicaba palabras para su fundador y para el socialista Rodríguez Ibarra, diciendo que habían construido más Extremadura. “Admiramos por ello su papel en nuestra historia. En lugar de destruir el espíritu de la transición, a algunos les convendría incorporarse a él”, decía el todavía presidente del Ejecutivo extremeño.

 

Con todos mis respetos para su familia, ya que fallecía hace solo dos años, de Adolfo Díaz Ambrona no tienen memoria nuestros jóvenes. Hay generaciones que no se acuerdan, si quiera, de presidentes de la Junta de Extremadura como Luis Ramallo o Manuel Bermejo. Son historia, todos ellos en positivo, porque cada cual a su estilo estuvo incorporado al espíritu de la transición, como Adolfo Suárez o Felipe González, a los que también cito. Pero, ¿por qué a uno sí y a otros no? Monago es un desagradecido para con los suyos.

 

Tampoco se puede pasar por alto que un presidente de derechas, aunque dudo que tenga una ideología clara por sus maneras y formas de actuar, citase a los socialistas González y Rodríguez Ibarra y se olvidase, ¡oh casualidad!, de su antecesor en el cargo, que fuera presidente de la Junta de Extremadura, que es presidente del Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea y candidato al Gobierno regional, Guillermo Fernández Vara. Acaso ¿no está incorporado al espíritu de la transición?

 

No, no es eso. Lo que sucede es que se trata del rival a batir y es un político que, mientras no se demuestre lo contrario, puede enarbolar la bandera de la dignidad, tanto en lo político como en lo personal. Mentar a Guillermo Fernández Vara en la sede de la Junta en Mérida, en la Plaza del Rastro, o en la sede del Partido Popular de Extremadura, en la emeritense calle Adriano, pone de los nervios a más de uno.

 

Es el adversario, al que teme Monago por encima de todo, más desde que se conoció su doble vida entre Extremadura y Canarias, asunto éste que Guillermo Fernández Vara en un gesto que le honra a todos los niveles, trató de minimizar declarando cuando era preguntado que había que centrarse, realmente, en los problemas de los extremeños. Solamente le faltaba decir: y dejarse de líos de faldas, que ya somos todos un poco mayorcitos.

 

Puede que no huyamos, o no sepamos huir, del bipartidismo y que caigamos en la repetición de siglas por pura inercia, pero es que, en mi opinión, únicamente Partido Popular o Partido Socialista Obrero Español son las formaciones llamadas a gobernar; el resto está bien que existan como contrapunto, como refresco en caso de pájara, pero dentro de cuatro meses y medio los extremeños decidirán quién administra los más de 5.000 millones de euros que recogen por los Presupuestos de la Comunidad Autónoma para este año.

 

Quizá sea bueno que los ciudadanos no olviden que su presidente es un cachivache, que hace lo que no debe hacer y dice lo que no tiene que decir, porque aquí el único que se ha olvidado del espíritu de la transición y tiene más miedo que un pavo en Nochebuena se llama José Antonio Monago Terraza, el bombero.


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