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FERNANDO MANZANO TAMBIÉN TIRÓ DE LA VISA INSTITUCIONAL

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El presidente de la Asamblea y secretario general del Partido Popular de Extremadura ha sido cazado por Diario Público tirando de una tarjeta VISA institucional que solicitó nada más acceder al cargo en el Parlamento. Fernando Jesús Manzano, mano derecha del presidente del Gobierno extremeño, José Antonio Monago, no contento con enchufar a su primo como chófer oficial de la Asamblea, se saltaba en 2011 las normas impuestas desde el PP, alentadas por Mariano Rajoy, y se daba una comilona el 11 de enero de 2012 en el madrileño Restaurante Boggo de nada menos que 525,10 euros. Ese mismo día, explica la información que hoy lleva Público a su portada y firmada por la periodista Ana Pardo de Vera, hizo noche en Madrid, en el Gran Hotel Velázquez por 145,80 euros. Los gastos de Fernando Manzano en 2012 realizados con la VISA institucional ascendieron a 1.037,97 euros, el doble de lo gastado en 2011, que sólo fueron de pagos en restaurantes y bares por una cantidad 561,77 euros.

 

Felicitando de antemano a Ana Pardo de Vera y a Diario Público –que les aconsejo lean—por su información, en mi opinión la cuestión a debatir no está tanto en el dinero gastado, que es público y que Fernando Manzano debiera devolver si no justifica con pelos y señales para qué se realizaron los pagos, sino en la actitud de prepotencia total, de impunidad más bien, tanto de Fernando Manzano como de José Antonio Monago y de otros miembros de su Gobierno, con la que actúan estos individuos que por las urnas y por la abstención de Pedro Escobar e Izquierda Unida, se supone que rigen los destinos de una Comunidad Autónoma con más de un millón de habitantes y en la que hay 145.000 parados y la cuarta parte de la población está en riesgo de exclusión social, datos que recordamos a menudo para que se centren en cuáles deben ser realmente sus prioridades y no en perder el tiempo y el dinero con el patrocinio de Woody Allen o de Pablo Alborán.

 

Hace dos meses y medio saltó la posible implicación del alcalde de Mérida y del ex presidente del Senado, Pedro Acedo y Juan Ignacio Barrero, respectivamente, en cacerías organizadas por constructores de la denominada trama Púnica. Los dos salieron bien parados pues nadie en la oposición, siquiera fugazmente el candidato a la Alcaldía de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna, quiso hacer mucha sangre al respecto, una vez que las explicaciones de ambos pararon el chaparrón.

 

Luego, también con Ana Pardo de Vera firmando la noticia, se conocían los viajes de José Antonio Monago a Canarias. Sabemos que eran para visitar a su novia, Olga María Henao, pues los propios senadores del Partido Popular en las islas dijeron desconocer la actividad del senador Monago en las mismas. La vicepresidenta del Congreso, Celia Villalobos, fue más allá y dijo lo que era un secreto a voces en el Partido Popular: José Antonio Monago había roto su matrimonio y se había trasladado a vivir a Tenerife con Olga María Henao, amén de aceptar la invitación a fiestas y a un crucero de placer. De ello tengo testimonio gráfico.

 

Y pese a las bravatas de unos y otros, en especial de la vicepresidenta Cristina Teniente, Público vuelve a poner en entredicho la honorabilidad de los políticos que nos gobiernan, porque permítanme que les diga que hay que ser cutre para cargar a la VISA de la Asamblea una consumición de 17,25 euros realizada en el Extremadura Hotel de Cáceres. De lo mucho a lo poco. De lo más de 500 euros en un restaurante de alto standing del madrileño Barrio de Salamanca hasta los cubatas o similares o váyase usted a saber qué  de una tarde de relax. No tiene explicación alguna, se mire por dónde se quiera mirar.

 

Pienso que en 2011, tras engañar a Izquierda Unida, o dejarse engañar ésta por Pedro Escolar –el diputado de IU Víctor Casco dice que no repetiría en las próximas elecciones ni beodo–, a los dirigentes del Partido Popular, que habían estado esperando 28 años para alcanzar el poder se les fue la pinza y asumieron los puestos de representación institucional desde el más absoluto de los revanchismos y falta de respeto a los ciudadanos. Por eso, hay que juzgar las actitudes, ya que las aptitudes hablan por sí solas. Todo esto, incluso, causa una cierta gracia, maldita por supuesto, porque mientras Mariano Rajoy y ahora Carlos Floriano en su responsabilidad como director de campaña de las elecciones municipales y autonómicas, hablan de salubridad institucional y de la buena gestión que realizan los gobiernos del PP, sus activos en Extremadura hacen totalmente lo contrario.

 

Se lo dije a José Antonio Monago y ahora se lo digo a Fernando Manzano: es usted, moralmente un corrupto, y ambos debieran dimitir, pero claro, cómo pedir la dimisión del segundo si lo hecho por el primero es mucho más grave. Hemos entrado en unas corruptelas que empañan el buen nombre de la política y de los políticos. La sociedad tiene la impresión de que la corrupción está generalizada y puede que lo esté. El último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas dan al paro y a la corrupción los primeros puestos de la lista, así como la desconfianza que generan los partidos políticos.

 

No es de recibo que el presidente del Gobierno de Extremadura y que el presidente de la Asamblea continúen un minuto más en sus cargos. Han hecho que nuestra región sea portada en varias ocasiones no por su capacidad de innovar, de exportar, de crear empleo, de atraer industrias, sino por escándalos que no necesitamos los extremeños. ¡Qué se vayan! Desde luego yo voto por ello.


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