AL PODER LE GUSTA LA PRENSA DOMESTICADA

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[Img #42997]Lo he vivido en mis propias carnes y créanme que éstas son generosas. Al poder no le gusta la prensa que no le adula, la quiere domesticada. Da igual que el político sea de derechas o de izquierdas. Los periodistas, según ellos, deben limitarse a transcribir lo que dicen. Si es mentira como si es verdad. Aquí mando yo y punto. Los comentaristas les sacamos de quicio. Tenemos más tiempo que el periodista para reflexionar. No estamos marcados por los tiempos. Solo nos limita el espacio y la conciencia. Saber que lo que escribes es tu verdad. Que no vas a engañar al lector porque usted, querido amigo, se daría pronto cuenta del engaño y dejaría  de seguirnos. El poder está convencido de que periodistas y comentaristas únicamente quieren lo que se denomina carnaza. Más lejos de la realidad. El periodista informa con veracidad y objetividad; el comentarista comenta la jugada desde su óptica muy personal.

 

Les cuento esto porque en el Gobex están molestos conmigo desde hace mucho tiempo, justo cuando saltó a la luz pública el caso Canarias. Es probable que yo utilizase unos adjetivos poco apropiados con José Antonio Monago y Cristina Teniente. Si se han sentido heridos como personas les pido disculpas. No era esa mi intención sino la de describir al político en sí. A mí tampoco me gusta que me digan ciertas cosas por parte de altos cargos del Gobex, pero entiendo que a veces es posible que llegue a ser hasta desesperante, más cuando manejo información confidencial que, se supone, no debiera ver la luz. No soy un comentarista domesticado, lo siento, no lo he sido nunca y no voy a empezar ahora.

 

Puede que los tribunales de Justicia no hayan dado la razón al abogado pacense Felipe Ruiz Martín ante las demandas que había presentado contra el presidente, pero sí han recomendado que prácticas como las de Canarias, con el pago de viajes privados con dinero institucional, no vuelvan a producirse. De hecho, este episodio debería de ser una pura anécdota de cumplirse el acuerdo alcanzado por los grupos políticos del Congreso y del Senado sobre los gastos que sus señorías pueden realizar en atribución de sus funciones. Ya no sirve, en teoría, ir a las Islas Afortunadas a ver a la novia alegando que es un encargo del Grupo Parlamentario.

 

En noviembre pasado, Monago aseguró que presentaría con profusión de detalles hasta el último céntimo que gastara. El caso es que estamos en abril de 2015 y el titular del Gobex continúa sin hacer buena su palabra y qué es un político sin palabra: nada. Dijo también que se publicarían en el portal de transparencia de la Junta todos los datos relativos a cerca de ochenta altos cargos. Mejor no entren en el citado portal. La transparencia de Monago requiere horas y no se dan nombres y apellidos, solo datos, con lo cual es lo mismo que si usted se encuentra con la libreta del banco de un desconocido y se dedica a mirar los movimientos. Al final se quedará igual que estaba. Peor, incluso, porque lo que hubo de hacer es entregar la cartilla en el banco o depositarla en un buzón de Correos.

 

Al poder no le gusta la prensa, no, ni tampoco que los ciudadanos sepan que por una mala gestión se han perdido nueve millones de euros. Usted y yo no podemos perderlos porque no los tenemos, pero la Administración, ahora que ha comenzado la campaña del IRPF, se nutre de nuestros impuestos y yo no quiero que me hurten ni una sola explicación de adónde va a parar mi dinero.  El Partido Popular de Mérida, que gobierna el Ayuntamiento, ha repartido una revista entre los vecinos en la que se explica los proyectos realizados en los últimos cuatro años y los que están en fase de realización. Partiendo de la premisa de que la publicación es partidista, me ha parecido una buena idea, extrapolable al Gobex.

 

Porque, ¿qué ha hecho el Gobex? Aquí se habla de millones como de churros con chocolate un domingo de buena mañana, pero José Antonio Monago perdió una ocasión de oro en el último pleno de la legislatura de la Asamblea de Extremadura para explicar su gestión de cabo a rabo –cinco horas dan para mucho–, pero en lugar de exponer a los extremeños lo que había hecho, vino a contar que había podido con todos, con los programas electorales de PP, PSOE e IU, porque es el mejor, el más alto, el más guapo, el que mejor pelaje tiene y es que ser de Quintana de la Serena imprime carácter.

 

Pues desde aquí le digo al presidente y a sus políticos que tranquilos, que por mucho que traten de medrar en mi consciente no lo van a conseguir. Después de treinta años, que se cumplen en junio, lidiando con pelos y medios pelos, son ya muchos caracteres que configuran palabras los que he unido como para cambiar a estas alturas. Yo tengo  unas ideas y si estas coinciden con miles de lectores cada día, por mucho que le guste a Monago o no, las seguiré exponiendo aquí o en una web personal. La libertad de prensa está recogida en la Constitución. En la misma no hay artículo alguno que señale que el periodista o el comentarista tengan que adular al político de turno. Una cosa es un trato educado por ambas partes y otra bien distinta que te quieran domesticar a base de descalificarte o insultarte.


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