MONAGO, EN MI HAMBRE, MANDO YO

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El todavía diputado socialista en la Asamblea de Extremadura, Miguel Bernal Carrión, ha estado soberbio a la hora de analizar el anuncio hecho por el candidato del Partido Popular a la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, de instalar guarderías gratuitas en los centros de trabajo de los funcionarios. Con una historia del recientemente fallecido Eduardo Galeano  titulada “Peligro en el camino”, del libro “Espejos”, y colgada el miércoles 15 de abril en Facebook describe la situación que se está dando en Extremadura con este anuncio y con la paga única de 300 euros anuales a las mujeres de más de 75 años de edad. El texto de Eduardo Galeano no es muy extenso, pero no es necesario porque explica perfectamente lo que pasa en la región extremeña. Y dice asi:

 

“Alrededores de Sevilla, invierno de 1936: se acercan las elecciones españolas. Anda un señor recorriendo sus tierras, cuando un andrajoso se le cruza en el camino. Sin bajarse del caballo, el señor lo llama y le pone en la mano una moneda y una lista electoral. El hombre deja caer las dos, la moneda y la lista, y dándole la espalda dice:–En mi hambre, mando yo.”

 

Esto es, exactamente, lo que trata de hacer Monago con las abuelas y los funcionarios. En una mano les pone la paga de 300 euros o la guardería y en la otra la lista electoral. Solo las mujeres o solo los funcionarios podrían decidir la mayoría absoluta del PP o del PSOE. Las primeras son más de 60.000 en Extremadura, lo que viene a ser los votos que se necesitan para obtener seis diputados en la Asamblea. Los funcionarios, por su parte, son cerca de 50.000, o sea, cinco diputados.

 

Parece mentira, por no decir que es bochornoso, que el presidente en funciones de la Junta de Extremadura recurra a estos ardids, a estas artimañas, para conseguir votos porque está viendo que el pueblo lo manda directo al Parque de Bomberos de Badajoz o a la oficina de ex presidente.

 

En cuanto a la paga de los 300 euros anuales a las mujeres mayores de 75 años bajo el argumento de que sufrieron una dura postguerra y no tuvieron otra oportunidad en la vida que cuidar a los hijos y a los maridos (que son 25 euros al mes, no más), el anuncio fue hecho por Monago el 7 de septiembre de 2014 en el Teatro Romano de Mérida, en el discurso institucional con motivo del Día de Extremadura. Han transcurrido, pues, siete meses y desde entonces no se ha hecho nada. Ahora, a un mes vista de las elecciones y con un déficit de 3.000 millones de euros, Monago se acuerda de que no ha cumplido con su palabra y le pone el dinero en una mano a las mujeres y el voto en la otra. No sé qué opinarán las abuelas de la maniobra de Monago pero sí les puedo decir que conozco casos en los que la dignidad va por delante de 25 euros al mes. ¿Usted qué se ha pensado, señor presidente electo, que nuestras abuelas no tienen dignidad? Anda muy equivocado si cree que va a comprar votos a 25 euros.

 

Sobre las guarderías para los hijos de los funcionarios cabe preguntarse si el señor Monago Terraza es consciente de la discriminación que supondría con respecto a los niños de los trabajadores que no dependen de la Función Pública. A no ser que se aprobase una ley obligando a crear una guardería en todos los centros de trabajo de Extremadura, lo cual sería una barbaridad, Monago estaría, con dinero público, dividiendo a los trabajadores en primera clase, los funcionarios, y en segunda clase, el resto. Lo que se debe hacer, desde mi punto de vista, en intentar mediar ante el Gobierno del país para que existan leyes efectivas de conciliación familiar y laboral y dejarse de estigmatizar a los funcionarios, que bastantes sambenitos tienen colgados ya después de que pasan una dura oposición.

 

Señor Monago, en mi hambre, mando yo, como dice la historia de Galeano que Miguel Bernal Carrión ha colgado muy acertadamente en Facebook y deje de sacarse conejos de la chistera porque bien parece un mago al que se le ha ido un poco la olla. Primero fueron las chapitas indi, después  Curro de Camas y Paco de Zafra; luego el rap, y ahora esto. Sus directores de campaña, Iván Redondo y Fernando de Jesús Manzano (a Fernando Pizarro lo dejaremos al margen porque el pobre mío está tan sorprendido como el resto), le están haciendo un flaco favor y mientras Guillermo Fernández Vara lleva una campaña impoluta, usted se dedica única y exclusivamente a la magia y al autobombo. Y Extremadura no quiere un presidente con ganas de cachondeo, sino uno que baje el déficit del 2,44% del PIB, que reduzca los 155.000 parados y que no siga aumentando la deuda de 3.000 millones de euros. Y que deje, sobre todo, que cada cual mande en su hambre, eso por supuesto.


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